25/12/2025
Hikari comparte
🌸 LA HERIDA DETRÁS DE LA RIVALIDAD ENTRE MADRE E HIJA
(Una mirada psicológica, transgeneracional y cabalística)
La rivalidad entre madre e hija es uno de los vínculos más incomprendidos y juzgados.
Muchas veces se la reduce a “choques de carácter” o a conflictos de personalidad, cuando en realidad estamos frente a una herida profunda que no nació con ellas, sino que viene viajando de generación en generación.
Desde la psicología profunda, el enfoque transgeneracional y la Kabbalah, esta rivalidad no habla de maldad, sino de dolor no resuelto.
🔹 NO ES UN PROBLEMA PERSONAL, ES UNA HERIDA HEREDADA
En la mayoría de los casos, detrás de un vínculo tenso entre madre e hija existe una herida primaria de rechazo, abandono o desvalorización.
La madre, en su propia infancia o juventud, pudo haber sentido:
• que no fue vista,
• que no fue elegida,
• que tuvo que sacrificarse,
• que no pudo ser plenamente mujer.
Esa herida no sanada queda registrada en el inconsciente y, desde la Kabbalah, como un reshimú (impresión espiritual) en el linaje femenino.
Cuando nace una hija, esa herida se reactiva.
🔹 1. HERIDA DE RECHAZO O ABANDONO
La madre no rechaza a la hija conscientemente.
Lo que ocurre es que la presencia de la hija despierta la memoria del propio rechazo.
En lo profundo, aparece un miedo silencioso:
“¿Y si ahora yo pierdo mi lugar?”
No es egoísmo.
Es una herida infantil que nunca fue contenida.
🔹 2. COMPETENCIA SIMBÓLICA (NO CONSCIENTE)
Durante la adolescencia o juventud de la hija, cuando emerge su energía femenina, vital y sexual, la madre puede sentir una amenaza inconsciente.
No porque quiera competir,
sino porque no resolvió su vínculo con su propia feminidad, autoestima o envejecimiento.
Desde la Kabbalah, esto se entiende como una distorsión de Maljut (energía femenina) cuando está desconectada de Biná (la Madre superior, la compasión).
La competencia no es real:
es una klipá, una capa de dolor que oculta la luz.
🔹 3. HERIDA DE INJUSTICIA Y COMPARACIÓN
Muchas madres cargan la narrativa interna de:
“Yo no pude… yo me sacrifiqué… yo tuve que callar…”
Cuando la hija desea libertad, expresión o una vida diferente, eso puede despertar resentimiento.
Pero ese resentimiento no es hacia la hija,
sino hacia la propia historia no vivida.
La hija encarna lo que la madre no pudo darse.
🔹 4. IDENTIFICACIÓN Y PROYECCIÓN
Lo que más duele de la hija suele ser un reflejo de algo que la madre no integró en sí misma.
La hija se convierte en un espejo:
• de deseos reprimidos,
• de heridas no elaboradas,
• de partes negadas de la propia identidad femenina.
Por eso la reacción suele ser intensa y confusa.
🔹 5. EL LINAJE FEMENINO Y LA SHEJINÁ HERIDA
Desde la Kabbalah, esta rivalidad no es solo psicológica: es espiritual.
La Shejiná —la presencia divina femenina— ha estado en exilio durante generaciones:
• mujeres sin voz,
• sin elección,
• sin validación,
• sin dignidad plena.
Cuando una hija intenta abrir un camino distinto,
despierta el dolor acumulado del linaje femenino.
La madre no pelea con la hija.
Pelea con la memoria de todas las mujeres que no pudieron ser.
✨ EN RESUMEN
La rivalidad madre–hija no nace del odio,
sino de una herida de rechazo y desvalorización no sanada.
Cuando esa herida se activa, se disfraza de:
• control,
• comparación,
• competencia,
• distancia emocional.
Pero en el fondo, lo que ambas necesitan es:
• reconocimiento del dolor,
• compasión mutua,
• reordenar su lugar en el linaje femenino.
Desde la Kabbalah, la hija no traiciona a la madre al sanar:
la honra, y repara a todas las mujeres que vinieron antes.
Cuando la herida se sana, la rivalidad se disuelve
y la energía femenina vuelve a fluir como bendición compartida 🪬
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