15/11/2025
– Abuela, ¿cómo se acompaña el dolor?
– Con presencia, mi niña. No con la cabeza, porque cuando lo piensas demasiado, el dolor se vuelve más rígido. La mente lo aprieta… el cuerpo lo carga… y el alma lo grita.
– ¿Y la presencia cómo se hace, abuela?
– Con las manos.
Porque las manos —en la mirada sistémica— son el puente entre lo que recibimos de nuestro linaje y lo que elegimos crear hoy.
Cuando tus manos se mueven —tejiendo, cocinando, escribiendo, sembrando, acariciando— tu alma entiende que no está sola.
Comienza a sentirse vista, honrada, atendida.
Y entonces deja de pedir ayuda a través del dolor.
– ¿Y si empiezo a moverlas?
– Todo dentro de ti empezará a moverse también.
Las manos ordenan lo que en la historia quedó detenido.
Lo que dolía, se transforma.
Lo que pesaba, encuentra un lugar.
Y tú… recuperas tu fuerza.
El dolor no desaparece mágicamente, pero deja de ser una carga para convertirse en un mensaje, un maestro, un camino de regreso a ti.
Autor desconocido