14/11/2025
“Y así el corazón se romperá y, sin embargo, roto, vivirá.”
Esa frase contiene una verdad esencial de la experiencia humana. No hay vida significativa sin pérdida, sin ruptura, sin momentos en los que todo lo que parecía estable se desmorona. Pero también es cierto que el corazón no muere del todo cuando se rompe; aprende otra forma de latir.
Como terapeuta, he visto muchas veces cómo el dolor puede transformarse en una fuente de profundidad y humanidad. Cuando alguien se atreve a mirar su herida sin huir, comienza a descubrir una fuerza que no se parece a la dureza ni a la negación, sino a una suavidad resistente: la capacidad de seguir sintiendo, de seguir amando, incluso después del daño.
Vivir con el corazón roto no es una derrota. Es reconocer que la vida no siempre se ajusta a nuestros planes, pero aun así seguimos eligiendo estar presentes. Aceptamos la fragilidad como parte de lo que nos hace humanos. Ese es, quizás, el mayor acto de valentía: no cerrar el corazón para protegerlo, sino permitir que, aunque roto, siga vivo.
David Aparicio, editor en Psyciencia.