26/12/2025
POR QUÉ LA MENTE CANSADA MANTIENE A TUS MÚSCULOS RÍGIDOS INCLUSO EN REPOSO
La fatiga mental no se limita al cerebro: se transmite directamente al sistema nervioso y al tono muscular. Cuando la mente está sobrecargada por estrés, preocupación constante o exceso de estímulos, el cerebro permanece en un estado de alerta prolongada. Este estado activa de forma continua el sistema nervioso simpático, encargado de preparar al cuerpo para la acción. Aunque la persona esté sentada o acostada, el cuerpo no interpreta esa quietud como descanso real, por lo que los músculos permanecen en una contracción leve pero sostenida, como si estuvieran listos para reaccionar ante una amenaza.
Esta activación constante afecta especialmente a los músculos del cuello, los hombros, la mandíbula y la espalda. El cerebro, al mantenerse en tensión, envía señales nerviosas repetitivas que aumentan el tono muscular basal. A diferencia de una contracción voluntaria —que se activa y se libera— esta tensión es persistente y poco perceptible, pero consume energía de forma continua. Con el tiempo, las fibras musculares reciben menos flujo sanguíneo, se acumulan metabolitos y disminuye la oxigenación, lo que genera rigidez, sensación de pesadez y dolor incluso sin haber realizado esfuerzo físico.
Además, la fatiga mental altera la comunicación entre el cerebro y los músculos. Cuando el sistema nervioso está saturado, se reduce la capacidad del cerebro para enviar señales de relajación eficientes. El sistema parasimpático, responsable del descanso y la recuperación, queda inhibido, impidiendo que los músculos entren en un estado de relajación profunda. Por eso, muchas personas sienten el cuerpo “duro” al final del día, aun cuando no han realizado actividad física intensa. La mente cansada no logra apagar los circuitos de tensión.
Este fenómeno también interfiere con el descanso nocturno. La rigidez muscular persistente dificulta la conciliación del sueño profundo y limita la recuperación muscular durante la noche. Aunque el cuerpo esté inmóvil, los músculos no se relajan completamente, lo que provoca despertares frecuentes, sensación de sueño no reparador y mayor rigidez al despertar. Se crea así un círculo: la fatiga mental mantiene la tensión muscular, y la falta de descanso profundo agrava la fatiga mental.
Romper este ciclo requiere más que reposo físico. Es necesario reducir la carga mental para permitir que el sistema nervioso cambie a modo de recuperación. Prácticas como la respiración lenta, pausas conscientes, estiramientos suaves y una correcta higiene del sueño ayudan a disminuir la activación nerviosa y a liberar la tensión muscular. El cuerpo puede estar quieto, pero si la mente no descansa, los músculos tampoco. Relajar la mente es una condición biológica indispensable para que el cuerpo recupere su equilibrio.
Fuente: Journal of Neurophysiology; Neuroscience & Biobehavioral Reviews; American Academy of Neurology.