05/01/2026
Hace unas semanas, mi amigo .mexico dijo en un live:
“Yo no confío en un dentista que no usa tinta indicadora de caries”.
Mi reacción inicial fue defensiva.
“Exagerado”, pensé. Magnificación, experiencia, ojo clínico… debería ser suficiente.
No lo fue.
Al retirar una incrustación metálica por caries secundaria, no identifiqué una fisura en la cresta marginal mesial hasta que utilicé la TIC. Y no, no fue por descuido —o tal vez sí—, ni por falta de aumento, ni por mala documentación. Fue porque hay cosas que simplemente no se ven, aunque queramos creer que sí.
Muchas fisuras solo se hacen evidentes cuando ya están bacterianamente comprometidas. Cuando eso ocurre, el problema no es la detección: es que llegamos tarde.
Así que no, no voy a decir que no confío en un dentista que no usa TIC.
Pero sí voy a decir algo más incómodo:
confío menos en cualquier diagnóstico que depende exclusivamente del ojo humano.
Porque si la biomimética implica respeto máximo por el tejido, entonces también implica usar todas las herramientas que nos ayuden a no fallar en silencio.
La TIC no es tiempo perdido ni paranoia diagnóstica.
Es humildad clínica.
Y quizá lo que más nos cuesta aceptar no es la tinta…
sino que, a veces, no vemos tan bien como creemos.