25/03/2026
Hoy, lo ocurrido en Lázaro Cárdenas, Michoacán nos duele y nos confronta como sociedad.
La pérdida de dos maestras a manos de un adolescente de 15 años es una tragedia que nos deja un profundo vacío… pero también un llamado urgente a reflexionar.
Más allá del impacto, hay algo que no podemos ignorar: la educación no empieza en la escuela… empieza en casa.
Nuestros adolescentes necesitan ser escuchados, comprendidos y acompañados.
No solo corregidos. No solo juzgados.
Escuchados de verdad.
Detrás de cada conducta hay emociones, hay historias, hay señales que muchas veces pasan desapercibidas en el día a día.
Y como mamá y papá, tenemos la responsabilidad de estar presentes, de abrir espacios de diálogo y de enseñarles a nombrar lo que sienten.
No se trata de señalar culpables, sino de asumir nuestro papel: la familia es el primer espacio donde se aprende a manejar la frustración, el enojo, la tristeza y los conflictos.
Hoy más que nunca, necesitamos hogares donde haya tiempo para hablar, para mirar a los ojos y para acompañar.
Mi solidaridad con las familias, con la comunidad educativa y con todos los que hoy sienten dolor.
Que esta tragedia no pase desapercibida…
que nos recuerde que escuchar a nuestros hijos puede hacer la diferencia.
Créditos: Aula inclusiva