20/01/2026
Insistir en esperar un cambio que nunca llega es una forma silenciosa de desgaste. Poco a poco, la paciencia se convierte en cansancio y la esperanza en una carga. Cuando alguien no reconoce sus errores, no solo se niega a cambiar, también cierra la puerta a cualquier crecimiento compartido. Amar no debería significar renunciar a la propia paz.
Muchas veces nos quedamos atados por miedo: miedo a perder, a empezar de nuevo, a aceptar que dimos más de lo que recibimos. Pero permanecer donde no hay conciencia ni responsabilidad es quedarse atrapado en un ciclo que se repite. El amor sano no necesita promesas vacías, necesita hechos y coherencia entre lo que se dice y lo que se hace.
Entender esto es un acto de madurez emocional. Es comprender que no podemos salvar a quien no quiere verse, ni sanar a quien no acepta sus heridas. Elegirse a uno mismo no es egoísmo, es dignidad. Y cuando esa elección se hace desde la claridad, la libertad deja de dar miedo y empieza a sentirse como alivio.