27/03/2026
Muchas veces creemos que no sabemos poner límites, cuando en realidad lo que aprendimos fue a priorizar la relación por encima de nosotros. Y entonces, cuando intentamos hacerlo distinto, aparece la culpa, la duda y esa sensación de estar exagerando. No es falta de carácter. Es historia, aprendizaje… y también miedo a incomodar.
Poner límites no es controlar a los demás ni esperar que cambien. Es decidir qué vas a hacer tú cuando algo no te hace bien. Y a veces, lo difícil no es decirlo… es sostenerlo cuando el otro no está de acuerdo. Porque ahí es donde realmente empieza el cambio.