18/11/2025
CADA QUIEN DEBE SEGUIR
SU ESTRELLA
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Se debe haber caminado mucho, se debe haber caído y levantado muchas veces, haber leído desde los más elementales textos de magia, alquimia y teosofía, hasta los más raros y peligrosos grimorios de antiguos cultos de hace milenios ya desaparecidos.
Haber tenido muchas noches de desvelo hasta el resplandor del nacimiento de un nuevo día ante la cafetera vacía y la ya reseca taza de café.
Resplandor que indicaba que había que correr cortinas, prender aires acondicionados o ventiladores para dormir unas horas haciendo del día una noche artificial para poder continuar en la inmediata noche la labor de la gran obra.
Cómo no recordar esas noches de investigación, de análisis y decantación de saberes diversos que podían, a través de un solo dato, llevarme al vértice de la culminación de mi búsqueda, razón por la cual mi lectura era de palabra por palabra y de línea por línea.
Noches que se transformaron en despertares y en pequeñas iluminaciones, qué aunque fueran pequeños destellos o delgados hilos de luz no dejaban de ser una señal y una motivación para continuar.
Y así continúe en esa búsqueda ignorando conscientemente el paso del tiempo, donde los mejores años de mi vida se fueron quedando al igual como si hubiera sido una compra o un trueque.
Pequeñas partículas de luz a cambio de tiempo vida y capital para continuar en la órbita, pues este tipo de búsquedas o investigaciones nacidas del corazón espiritual no te las patrocina nadie.
A veces algunos seres humanos navegamos mar adentro, guiados por una intuición o una voz interior, siguiendo la orbita de una invisible estrella de la cual nuestros cercanos decían que no existía, sin embargo el corazón sin escuchar las voces se continúo internándo en el océano de la vida y el tiempo.
Hasta que una noche venturosa, con una alegría indescriptible logramos ver la estrella y constatar que era real, que existía aquello que se decía era imposible, y que nuestro penoso peregrinar ahora tenía sentido, no había sido en vano.
Para entonces ya habían pasado muchos años y también estábamos demasiado lejos del puerto de dónde una vez en mi juventud había salido según el decir de muchos en busca de una quimera.
Casi toda aquella gente que un día conocí ya habían trascendido y otros ya eran ancianos enfermos, las nuevas generaciones no me conocían ni yo a ellos, los lugares que yo amaba frecuentar ya no existían o ya no eran los mismos, había regresado a un mundo al que yo ya no pertenecía, al que tal vez regresé tan solo para cerrar mi órbita existencial.
Al regresar al puerto dónde hacía ya 70 años yo había logrado ver mi nacimiento al tomar posesión del cuerpo que ahora ostento, al igual que se pierden las luces en la distancia, ahora que he regresado se han perdido las formas de comunicación y entendimiento con la gente del puerto de donde una vez partí.
Ahora, aunque hablamos el mismo idioma y habitamos el mismo mundo, nuestra comprensión de la realidad es diferente, ahora todo lo entendemos y lo valoramos de diferente manera.
Esto no es a causa de ellos, esto es en función de la apertura de mi OJO ESPIRITUAL el cual se fue expandiendo semejante a un gran angular durante el proceso de mi peregrinar hasta MI FELIZ ENCUENTRO CON MI ESTRELLA LA CUAL ME SEÑALÓ CON PRISTINA CLARIDAD QUE EN MI INTERIOR YA HABÍA NACIDO EL NIÑO DE ORO, El CELESTIAL NIÑO AZUL.
Todo ser humano al igual que los reyes magos y un servidor deben de peregrinar siguiendo la órbita de su invisible estrella, hasta encontrar su verdadera esencia la cual es su Dios interior.
Martín Kronos
Serpiente Azul
Brujo Blanco de Tampico