13/12/2025
CÓMO EL SEDENTARISMO ALTERA TU CIRCULACIÓN Y AUMENTA LA INFLAMACIÓN INTERNA
El sedentarismo no es simplemente “no hacer ejercicio”: es un estado fisiológico que altera la circulación, debilita los vasos sanguíneos y genera un ambiente de inflamación interna que afecta a casi todos los órganos. Pasar horas sentado, sin mover las piernas ni activar los músculos, desencadena cambios silenciosos que aumentan el riesgo de enfermedad cardiovascular, dolor crónico y metabolismo lento.
Cuando estás inactivo por largos periodos, los músculos de las piernas —que funcionan como una “bomba” natural— dejan de ayudar al retorno venoso. Esto hace que la sangre circule más lentamente, se estanque en extremidades y disminuya el aporte de oxígeno a tejidos y órganos.
El resultado: entumecimiento, hinchazón, calambres y cansancio circulatorio.
La falta de movimiento también reduce la estimulación de las arterias, lo que provoca una pérdida de su elasticidad. Arterias rígidas significan una circulación menos eficiente y mayor presión arterial. Además, el flujo lento facilita la acumulación de colesterol en las paredes arteriales, acelerando el proceso de aterosclerosis.
Pero el impacto más profundo ocurre a nivel inflamatorio. El sedentarismo hace que el tejido adiposo —especialmente la grasa visceral— libere sustancias llamadas citocinas inflamatorias, que viajan por la sangre y generan un estado constante de inflamación sistémica.
Esta inflamación daña vasos sanguíneos, altera el metabolismo de la glucosa y aumenta el riesgo de resistencia a la insulina.
Al mismo tiempo, los músculos inactivos producen menos miosinas antiinflamatorias, proteínas que normalmente ayudan a mantener el sistema inmunológico en equilibrio. Sin ellas, la inflamación se vuelve más intensa y persistente, afectando articulaciones, intestino, corazón y cerebro.
El sedentarismo también disminuye la capacidad del cuerpo para manejar lípidos y azúcares. Esto favorece niveles altos de triglicéridos, grasa acumulada en el hígado y un flujo sanguíneo más denso.
La circulación lenta y la inflamación se alimentan mutuamente, creando un terreno ideal para enfermedades cardiovasculares.
Incluso la función pulmonar se ve afectada: una postura prolongada comprime el diafragma y disminuye la expansión de los pulmones, reduciendo la oxigenación de la sangre. El cuerpo entero trabaja con menos eficiencia.
La buena noticia es que revertir estos efectos no requiere rutinas extenuantes. Levantarte cada 45–60 minutos, caminar unos minutos, mover tobillos y piernas, estirar la columna, fortalecer los músculos y realizar 20–30 minutos diarios de actividad moderada puede transformar tu circulación y reducir significativamente la inflamación.
En conclusión, el sedentarismo altera tu circulación al enlentecer el retorno venoso y endurecer las arterias, y aumenta la inflamación interna al activar sustancias inflamatorias y disminuir proteínas protectoras.
Moverte es medicina.
Porque cada paso que das apaga un poco la inflamación y le recuerda a tu cuerpo cómo volver a fluir.