22/02/2026
Cuando el dolor fue tan intenso que ya no cupo dentro del pecho, algo se rompió… pero no eras tú. Se rompió la venda. Se quebró la ilusión. Y en lugar de hundirte, despertaste. Porque hay dolores que no vienen a destruirte, sino a empujarte fuera de la jaula donde vivías dormido.
Ese dolor te llevó al silencio, y en el silencio empezaste a escuchar. A la naturaleza hablándote sin palabras: el viento enseñándote a soltar, los árboles recordándote que se puede perder hojas y aun así seguir de pie, el río mostrándote que resistirse solo duele más. Empezaste a entender que todo cambia, que nada se queda, y que ahí está la paz.
Hoy eres más consciente. Ya no reaccionas igual, ya no te pierdes en cualquier tormenta. Observas, respiras, eliges. Aprendiste que la oscuridad también es maestra y que la noche del alma no es castigo, es iniciación. Donde antes había miedo, ahora hay presencia. Donde había ruido, ahora hay claridad.
Despertaste porque el dolor te obligó a mirarte de frente. Y desde entonces, caminas distinto: más lento, más profundo, más real. No porque la vida sea más fácil, sino porque tú eres más despierto. Y eso… lo cambia todo.