24/02/2026
Aunque el mar sea el mismo, cada quien navega con una historia distinta. No todos crecimos sintiéndonos seguros. No todos aprendimos a expresar lo que sentimos. No todos tuvimos el mismo apoyo cuando más lo necesitábamos.
Por eso compararnos suele ser injusto. No se trata de quién lo hace mejor ni de quién sana más rápido. Cada persona responde desde su propia experiencia, con las herramientas que ha construido hasta hoy.
Y lo mismo sucede cuando miramos hacia afuera. A veces juzgamos demasiado rápido. Pensamos: “No es para tanto”, “yo en su lugar ya lo habría superado”, “está exagerando”. Pero olvidamos que no estamos viendo el barco completo. No conocemos las grietas que trae, las tormentas que ya sobrevivió ni cuánto tiempo lleva intentando mantenerse a flote.
Es ahí donde nos toca aceptar, que lo más humano que podemos hacer, es respetar el ritmo del otro sin juzgarlo… incluso cuando no lo entendemos del todo.