12/04/2020
Que es el Miedo y cómo manejarlo....
¿Qué te asusta? ¿El terrorismo? ¿El cambio climático? ¿Los microbios?
Ya sea que te lleve a hacer compras de pánico o un gel antibacterial para manos, o una barda electrificada, el miedo dirige gran parte de la conducta humana.
Los científicos dicen que el miedo y su compañera —la reacción de lucha, huida o parálisis— pueden salvarnos cuando nos enfrentamos a un daño físico inminente. Sin embargo, en la vida moderna a menudo puede obstaculizar nuestro camino.
“El cambio ha ocurrido tan rápidamente en nuestra especie que ahora estamos equipados con un cerebro supersensible a las amenazas pero también supercapaz de planear, pensar, calcular y anticipar”, dijo Ahmad Hariri, profesor de Psicología y Neurociencias en la Universidad de Duke. “Así que básicamente enloquecemos preocupándonos por las cosas porque tenemos demasiado tiempo y pocas amenazas reales a nuestra supervivencia, por lo que el miedo se expresa de estas formas muy extrañas y maladaptadas”.
Hariri estudia la amígdala, una estructura con forma de almendra que se ha llamado el centro del miedo. En realidad, es el centro de la anticipación: la amígdala te prepara para reaccionar —tu pulso se acelera, tus músculos se tensan y tus pupilas se dilatan—. Ese reflejo puede salvar tu vida en ciertas circunstancias, como cuando saltas para quitarte de la calle si viene un auto.
El problema comienza cuando no puedes apaciguar la reacción de tu amígdala, lo que provoca que te obsesiones y quizá hagas cosas contraproducentes si te enfrentas a eventos preocupantes y que te hagan sentir vulnerable.
Activar conscientemente la parte más mesurada y analítica de tu cerebro es la clave para controlar la ansiedad y el miedo desmedidos.
Sin embargo, hacer esto no es tan fácil en una época en la que las redes sociales y las noticias nos enteran de cualquier desastre real o potencial en cualquier parte del mundo, y además lo hacen en un ciclo repetitivo. Es aún más difícil si estás muy estresado o si hay inestabilidad en casa o el trabajo.
Para tu mente primitiva, es como si hubiera tigres y leones acechando en cada esquina.
Permanecer en este estado de hipervigilancia preocupada puede contribuir a problemas como la ansiedad social, la hipocondría, el trastorno por estrés postraumático, el insomnio y todo tipo de fobias. También tiene un papel en la intolerancia racial y religiosa, pues la gente miedosa tiende más a aferrarse a lo conocido y denigrar lo desconocido.
Para frenar a una amígdala que reacciona excesivamente, primero tienes que darte cuenta y después admitir que te sientes inquieto y asustado.
Si puedes percibir y considerar tu miedo —ya sea a volar, a una enfermedad o al rechazo social— dándole a tu amígdala mayor información acerca de lo que origina ese temor, en lugar de una señal de tragedia inminente, entonces estás en camino de calmarte y activar partes de tu cerebro más conscientes y dominadas por la lógica. En ese momento, puedes evaluar qué tan racional es tu miedo y dar pasos para lidiar con él.
“Cuanto más tratas de suprimir el miedo, ya sea ignorándolo o haciendo otra cosa para desplazarlo, más lo experimentas”
Ayudar a las personas a aceptar que sienten miedo y a examinar sus causas, y a pensar sobre sus valores y como pueden superar el miedo sería congruente con quienes quieren ser.
Con este enfoque les ayudaríamos a que las personas tengan un pensamiento de orden superior, el cual en teoría inhabilita o reduce la respuesta de la amígdala.
Los psicólogos y neurocientíficos también están descubriendo que la amígdala tiende a sentir menos pánico si se te recuerda que eres o podrías ser amado.
Así como el miedo puede ser contagioso, también pueden serlo el valor, el cuidado y la calma.