06/01/2026
"Los Reyes Magos no existen”,
me dijeron una vez cuando era niña.
Hoy, con el paso de los años y el corazón más despierto, sé que esa frase es una de las mentiras más grandes que existen. Porque los Reyes Magos no solo existen… caminan entre nosotros.
Estas fechas siempre me vuelven un poco melancólica y, al mismo tiempo, profundamente feliz. Hay algo en los últimos días de la Navidad que me abraza el alma. Tal vez sea la nostalgia, tal vez la esperanza… o tal vez la magia que aún se niega a irse.
Cada enero, al salir a la calle, los veo por todas partes.
Reyes Magos con bolsas en las manos y sueños en los ojos.
Reyes Magos contando monedas, comparando precios, eligiendo con cuidado aquello que hará brillar una sonrisa.
Los veo cansados, sí… pero ilusionados.
Con trabajo a cuestas, con poco o mucho dinero en el bolsillo, pero con el corazón lleno de amor.
Recuerdo claramente una vez, hace algunos años, en medio del centro abarrotado de gente. A mi lado caminaba una pareja buscando una bicicleta.
—Cuesta mil doscientos —dijo el vendedor.
La mujer bajó la mirada y suspiró.
—Viejo… no acompletamos.
El hombre sonrió con calma y respondió:
—No te preocupes. Nos la llevamos caminando y así no gastamos en taxi. Mañana, Dios dirá.
Se fueron con la bicicleta a cuestas y con una sonrisa que no cabía en el rostro. Yo los vi alejarse imaginando la cara de ese niño que, al despertar, encontraría su sueño bajo el árbol.
Ahí lo supe con certeza: los Reyes Magos sí existen… y yo los vi.
Los he visto hoy en un semáforo, sosteniendo una pelota y una muñeca.
Los he visto doblando turnos, trabajando horas extra, aguantando cansancio y preocupaciones para que a un niño no le falte la ilusión.
Los he visto en esa madre valiente que saca a sus hijos adelante sola.
En ese padre que sacrifica descanso para llevar sustento a casa.
En esos padres que caminan juntos, hombro con hombro, sin soltarse, incluso cuando la vida pesa.
no importa si el regalo es grande o pequeño.
No importa si es una bicicleta, una muñeca o una bolsita de dulces.
La magia no está en el regalo.
La magia está en dar.
Todos llevamos un poquito de Rey Mago dentro.
Todos, en algún momento, podemos ser milagro para alguien más.
Porque los Reyes también se cansan.
A veces dudan.
A veces tienen que elegir entre un juguete y pagar la renta.
A veces sienten que no pueden… sin darse cuenta de que ya están haciendo algo extraordinario.
Hoy, mientras muchos niños se duermen llenos de ilusión, los Reyes Magos siguen caminando. Con fe, con amor y con esperanza.
Este año no quiero pedir.
Este año quiero agradecer.
Por la salud.
Por el trabajo.
Por el techo, el alimento y el abrazo de los míos.
Porque me siento profundamente afortunada.
Y a ti, Rey o Reina Maga que lees estas palabras:
gracias.
Gracias por demostrarme que la magia no desaparece…
solo cambia de forma.
Con amor,
PD: Yo sí creo en ustedes.
Créditos a aquien corresponda 💞