Psicóloga Nashla Dipp

Psicóloga Nashla Dipp ¡Hola! Soy Psicóloga Clínica con especialidad en terapia para la mujer, pareja y familia.

Y que paso???
12/02/2026

Y que paso???

Cuando una madre habla mal de su hijo, se produce una herida profunda que no siempre es visible. El hijo puede seguir ad...
10/02/2026

Cuando una madre habla mal de su hijo, se produce una herida profunda que no siempre es visible. El hijo puede seguir adelante, adaptarse y mostrarse fuerte, pero internamente comienza a dudar de su propio valor. La voz materna es la primera referencia emocional, y cuando esa voz descalifica, el mensaje se graba como una verdad interna. No importa la edad ni la comprensión racional: el inconsciente solo registra pertenencia o rechazo. Muchos hijos crecen sintiendo que no son suficientes, intentando compensar con esfuerzo, complacencia o perfección. Otros se defienden con distancia o enojo. Desde una mirada sistémica, ese dolor no siempre se origina en el hijo, sino en heridas no resueltas de la madre. Sanar implica devolver lo que no corresponde cargar y ocupar, con dignidad, el lugar de hijo.

El cuerpo no enferma de un día para otro; muchas veces grita lo que el alma calla durante años. Emociones reprimidas, do...
10/02/2026

El cuerpo no enferma de un día para otro; muchas veces grita lo que el alma calla durante años. Emociones reprimidas, dolores no expresados y necesidades ignoradas van dejando huella hasta manifestarse como malestar físico. La amargura, la ira, la soledad o la falta de amor no resueltas se transforman en cargas internas que el organismo ya no puede sostener. Cada síntoma invita a mirar hacia adentro y preguntarnos qué estamos evitando sentir o enfrentar. Nada cambia solo con el tiempo; al contrario, lo postergado suele intensificarse. Reconocer el límite es un acto de valentía. Elegir sanar implica responsabilizarse, tomar decisiones conscientes y abrir espacio a nuevas formas de vivir. Cuando te atreves a cambiar, recuperas energía, claridad y la chispa vital que siempre estuvo en ti.

Cuando una mujer comienza a odiar a su esposo, casi nunca empieza con enojo, sino con decepción. Antes hubo esperanza, i...
10/02/2026

Cuando una mujer comienza a odiar a su esposo, casi nunca empieza con enojo, sino con decepción. Antes hubo esperanza, intentos, diálogos, paciencia y adaptaciones que no encontraron respuesta. Su voz fue ignorada mucho antes de que llegara el silencio. Cuando deja de hablar, ya está cansada de insistir. El resentimiento crece donde no hay responsabilidad ni compromiso real. Las promesas vacías van desgastando el amor hasta convertirlo en desprecio. La negligencia emocional duele más que las discusiones, porque sentirse invisible y no sostenida rompe el vínculo. Empieza a sentirse sola aun estando casada, y esa soledad se transforma en amargura. El respeto se pierde cuando el esfuerzo es unilateral. El desapego no surge de golpe; se construye en silencio. La ira se vuelve defensa. El odio no es el inicio, es el final de un amor que luchó demasiado.

Hoy elijo mirar nuestra historia desde otro lugar. Ya no desde la herida, sino desde la conciencia. Comprendo que cada e...
10/02/2026

Hoy elijo mirar nuestra historia desde otro lugar. Ya no desde la herida, sino desde la conciencia. Comprendo que cada experiencia compartida fue un espejo que me mostró lo que necesitaba ver, incluso aquello que dolía reconocer. A tu lado despertaron memorias antiguas, emociones no resueltas y aprendizajes pendientes que venían de mucho antes de ti. No fuiste causa, fuiste catalizador. Gracias a lo vivido pude hacerme responsable de mi propio proceso, entrar en zonas internas que evitaba y asumir mis sombras sin culpas. Hoy dejo de buscar culpables y suelto la narrativa del daño. Me hago cargo de mí, de mis elecciones y de mi sanación. Te suelto sin rencor, con gratitud y respeto. Al liberarte, me libero. Y desde esa libertad, permito que la paz ocupe el lugar que antes tuvo el conflicto.

Ningún conflicto entre adultos debería pesar más que la paz emocional de un niño. Las discusiones, rencores y heridas no...
10/02/2026

Ningún conflicto entre adultos debería pesar más que la paz emocional de un niño. Las discusiones, rencores y heridas no resueltas pertenecen a quienes tienen las herramientas para afrontarlas, no a quien apenas está aprendiendo a confiar en el mundo. Cuando un niño es expuesto a peleas constantes, manipulaciones emocionales o lealtades forzadas, no comprende los motivos ni las versiones enfrentadas; solo registra miedo, confusión e inseguridad. Esa carga silenciosa deja huellas profundas en su desarrollo afectivo. Proteger su paz es un acto de amor y una responsabilidad sagrada que exige madurez, conciencia y humildad. Implica dejar el orgullo, sanar lo propio y priorizar el bienestar del niño por encima del ego. Cuidar su tranquilidad hoy es sembrar seguridad, autoestima y estabilidad emocional en el adulto que será mañana.

Las adicciones suelen tener raíces profundas en la historia familiar, especialmente en la sobreprotección materna y la a...
10/02/2026

Las adicciones suelen tener raíces profundas en la historia familiar, especialmente en la sobreprotección materna y la ausencia paterna, ambas vinculadas a la falta de amor incondicional. Toda adicción funciona como una vía de escape para evitar el contacto con emociones dolorosas: vacío existencial, soledad, desconexión espiritual o carencias afectivas. Etimológicamente, “adicción” significa “no dicho”, aquello que no pudo expresarse. Cada sustancia o conducta intenta compensar un conflicto emocional específico: identidad, abandono, miedo, responsabilidades, desvalorización o necesidad de amor. Sin embargo, ninguna adicción llena realmente ese vacío. El camino de sanación implica ir al origen de la herida, perdonar, sanar al niño interior, dejar de vivir la vida como castigo y trabajar el empoderamiento, la humildad, la valoración personal y, sobre todo, el amor propio.

Dormir junto a la persona que amas es un refugio invisible. No se trata del colchón ni del silencio de la noche, sino de...
07/02/2026

Dormir junto a la persona que amas es un refugio invisible. No se trata del colchón ni del silencio de la noche, sino de la calma que llega cuando el cuerpo entiende que ya no necesita estar en guardia. Es ese momento en que el día se apaga y el corazón baja la voz porque se siente acompañado.

En la penumbra, los gestos pequeños lo dicen todo: una mano que busca, un suspiro que coincide, una cercanía que no exige nada. Ahí, sin promesas ni discursos, se construye la intimidad más profunda. Dormir juntos es confiar el descanso al otro, permitir que tus miedos se aflojen y que las heridas respiren. Es amor que no presume, que no hace ruido, pero que sostiene. Un amor que cuida incluso cuando los ojos están cerrados.

29/01/2026

Echa un vistazo al video de Najla Dearie Wehbe Dipp.

Como psicóloga, he visto muchas relaciones terminar en silencio mucho antes de una despedida formal. A veces la distanci...
26/01/2026

Como psicóloga, he visto muchas relaciones terminar en silencio mucho antes de una despedida formal. A veces la distancia no se nota en los gritos, sino en la ausencia de ellos. Cuando una mujer deja de expresar su dolor, de intentar dialogar o de buscar soluciones, no siempre es calma: a menudo es desconexión emocional.

La rutina puede confundir. Compartir casa, tareas y horarios no garantiza intimidad. La verdadera ruptura suele empezar cuando ella siente que ya no es escuchada, validada o priorizada. Entonces se protege apagando lo que siente.

No sucede de un día para otro; es un proceso de desgaste. Por eso es clave atender las señales tempranas: la indiferencia, el cansancio afectivo, la falta de interés en reparar. Las relaciones no mueren por falta de amor repentina, sino por necesidades ignoradas durante demasiado tiempo.

Mamá, hay cosas tuyas que abrazo con orgullo y otras que elijo soltar para que no sigan pesando en nuestra historia. Te ...
26/01/2026

Mamá, hay cosas tuyas que abrazo con orgullo y otras que elijo soltar para que no sigan pesando en nuestra historia. Te devuelvo, con amor, el temor constante a que todo falte, esa alerta que te protegió, pero que a mí me impide vivir con calma. También dejo atrás la idea de que amar es agotarse y que descansar es egoísmo.

No rechazo tu vida, la comprendo. Sé que muchas de esas cargas no las escogiste: te fueron dadas por necesidad, por época, por heridas antiguas. Yo quiero honrarte distinto, transformando lo que dolió en algo más ligero.

Me quedo con tu fortaleza, tu ternura y tu capacidad de seguir aun cansada. Lo demás lo suelto para que la historia cambie. Sanar lo heredado también es una forma profunda de agradecerte.

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