22/01/2021
Al hablar de calidad en el tiempo que se les dedica a los hijos, se fortalece el vínculo afectivo. Durante los últimos meses, la situación COVID-19 ha generado grandes cambios en nuestra rutina de vida.
En el caso de los padres y la relación con sus hijos, la dinámica familiar se ve afectada debido a que no se dedica tiempo de calidad. El tiempo de calidad se define como la unión del interés y la atención entre los participantes, en este caso, padres e hijos. Sin embargo, es importante diferenciar entre el tiempo de calidad y el tiempo en sí que se les dedica, muchas veces se podrá dedicar una gran cantidad de tiempo, no obstante, si durante ese tiempo como padres nos encontramos frente a un dispositivo electrónico, no prestamos atención o no se hace sentir a los hijos atendidos, escuchados, observados o amados, el vínculo afectivo se debilita.
Algunos padres, en especial aquellos que tienen hijos pequeños, han tomado roles de maestros, dedicando tiempo al estudio de los hijos; estos momentos no dejan de ser esenciales para su desarrollo y el desarrollo del vínculo, sin embargo, este tiempo no se compara con la calidad de escuchar activamente, de mantenerse en contacto directo con los hijos, de compartir un tiempo para realizar actividades juntos sin la presencia de algún distractor.
Más que brindarles algo a los hijos que implique un gasto económico que satisfaga sus demandas de cosas materiales, hay que prestar atención a sus verdaderas necesidades que, en la mayoría de los casos requieren de atención y padres que validen sus pensamientos, sentimientos y emociones.