03/03/2026
Hoy es el Día Mundial de los Defectos Congénitos, un día que se utiliza para visibilizar un conjunto de condiciones que continúan siendo una de las principales causas de mortalidad neonatal y discapacidad infantil en América. Aunque muchos de estos defectos pueden prevenirse o tratarse, miles de familias cada año enfrentan diagnósticos que requieren atención especializada, seguimiento continuo y acompañamiento integral.
El lema de este año, “Cada viaje cuenta”, con el proposito de que la conmemoración recuerde que estas condiciones afectan no solo a quienes nacen con ellas, sino también a sus familias y comunidades, y subraya la importancia de fortalecer la prevención y el acceso oportuno a servicios de salud de calidad.
Aunque la región de América ha logrado avances muy importantes en la reducción de la mortalidad neonatal, pasando de 12,9 muertes por mil nacidos vivos en 2000 a 7,1 en 2023, según datos de la OPS y de la ONU, las defunciones por malformaciones congénitas no han disminuido al mismo ritmo.
Hoy sabemos que más de 20.000 recién nacidos fallecen cada año por defectos congénitos, y que cerca del 22% de las muertes en el primer mes de vida están asociadas a estas condiciones. A medida que logramos controlar otras causas prevenibles, como infecciones o complicaciones del parto, las anomalías congénitas adquieren un peso relativo mayor dentro de la mortalidad neonatal.
Muchas de las intervenciones que redujeron otras causas de muerte neonatal y en la niñez—como mejoras en el estado nutricional, en el control de infecciones, en la atención prenatal y del parto, o la vacunación— son acciones específicas, relativamente simples y costo efectivas.
En cambio, prevenir y abordar los defectos congénitos requiere intervenciones más complejas y sostenidas a lo largo del curso de vida: desde antes del embarazo, durante la gestación y después del nacimiento. Implica acciones en salud, nutrición, ambiente y también acceso a servicios especializados.
Aunado a esto, persisten desigualdades en el acceso a la prevención, el diagnóstico temprano y la atención especializada. Y todavía hay desafíos en los sistemas de vigilancia, lo que dificulta dimensionar plenamente el problema y diseñar respuestas más precisas. A esto se suma que muchas de estas condiciones tienen causas múltiples —y en algunos casos desconocidas— lo que hace que su prevención y reducción sean más complejas.
Las causas de estos defectos son múltiples. Incluyen factores genéticos, deficiencias nutricionales, infecciones durante el embarazo y también exposiciones ambientales.
No todas son prevenibles, pero un número significativo puede evitarse o mitigarse con intervenciones de salud pública eficaces, especialmente aquellas relacionadas con una buena nutrición, la vacunación y la prevención de infecciones durante el embarazo.
Por eso es clave fortalecer el acceso y la calidad de la atención antes y durante el embarazo. La prevención comienza incluso antes de la concepción, con información, planificación y controles de salud adecuados que permitan actuar de forma temprana.