06/12/2025
Hay quienes dicen “no creo en la psicología”, “no creo en la medicina” o “no creo en tal medicamento”, como si se tratara de elegir un credo. Pero el punto es justamente que no necesitas creer. No se te pide fe, porque no se sostiene sobre convicciones personales, sino sobre un método que prueba, corrige, cuestiona y vuelve a probar.
La ciencia no funciona porque todos estén de acuerdo, funciona porque aunque nadie crea en ella, los datos siguen mostrando lo que muestran. La terapia sirve no porque uno la declare verdadera, sino porque miles de estudios independientes confirman sus efectos. Los medicamentos no actúan porque los “aceptes”, sino porque tienen mecanismos fisiológicos que se activan dentro de ti, independientemente de tus opiniones.
Y aun así, es válido dudar. La duda no es enemiga; es el punto de partida del pensamiento crítico. Lo que sí merece reflexión es confundir duda con rechazo absoluto. Porque cuando negamos por completo aquello que está demostrado, a veces no defendemos libertad, sino que nos cerramos a herramientas que podrían ayudarnos a vivir mejor.
No se trata de obligar a nadie a aceptar nada. Se trata de recordar que la ciencia no pide devoción, sino disposición: a informarnos, a preguntar, a entender y, si hace sentido, a darnos la oportunidad de probar. Entre la fe ciega y el rechazo total, siempre queda un camino mucho más fértil, la curiosidad honesta. Y desde ahí, cada quien decide, pero con claridad y no con miedo.
Artu.