21/08/2025
🩺 “Cuando cuidar a todos me hizo olvidarme de mí”
Se me fueron los años… y ni siquiera lo noté.
Se me escaparon entre turnos dobles, noches en vela y pasillos interminables.
Entre pacientes que se iban, familias que lloraban y diagnósticos que no siempre traían esperanza.
Se fueron entre sacrificios invisibles, sonrisas forzadas detrás de un cubrebocas, cansancio acumulado en la espalda y cafés fríos olvidados en la estación de enfermería.
Me convertí en apoyo para todos: la que escucha, la que consuela, la que resuelve… pero pocas veces alguien preguntó cómo estaba yo.
Y un día, sin escándalo y sin lágrimas, me vi reflejada en un ventanal del hospital.
No lloré.
Me hablé.
Me dije: “Ya estuvo bueno.”
A mis años, cuando pensé que lo único que me levantaba era el cansancio o la rutina… se me levantó la dignidad.
Esa que había quedado guardada bajo la bata blanca, esperando que yo me diera permiso para sacarla.
Y con voz firme, aunque temblorosa, me dije:
¡Basta!
Basta de ponerme siempre al final.
Basta de creer que ser “buena enfermera” significa aguantarlo todo.
Basta de cargar silencios que nadie escucha.
Hoy, con arrugas en la piel y cicatrices en el alma, pero también con experiencia y vocación, me reconstruyo.
Recojo a pedacitos la enfermera que soñaba, la que reía con sus compañeros, la que no pedía permiso para descansar, para vivir, para ser.
Y me abrazo.
Porque nunca es tarde.
No lo es para cuidarme, para poner límites, para elegir mi paz.
No lo es para decir “yo también importo” sin sentir culpa.
Hoy… me reinvento como enfermera y como persona.
Y lo haré como se me dé la gana.