23/04/2025
Cómo no agradecer a quienes realmente me enseñaron lo que es el psicoanálisis. Mis pacientes, son mis maestros y también mis analistas; ninguna lectura, seminarios, conferencias o especialidades, pueden sustituir la experiencia reveladora de llevar a cabo un análisis con ellos. En cada sesión, siempre me dejan una reflexión sobre mi labor terapéutica, gracias a ellos, aprendí lo que es la escucha, conocí el fenómeno de la transferencia, a interpretar los sueños, y me permitieron descubrir los caminos del inconsciente.
Muchos psicoanalístas presumen sus estudios de maestría, doctorados, sus análisis personales, etc. pero se olvidan de la fuente principal del saber inconsciente, el paciente. Ahí está el verdadero aprendizaje, sin el paciente no hay analista; no hay deseo del analista.
La vigencia del psicoanálisis no se debe a los psicoanalístas, o a las grandes asociaciones (IPA), o las publicaciones, claro que no. Si el psicoanálisis sigue tan vivo como hace más de 140 años, es porque pacientes como Ana O, le pidió a Freud que se callara para que la dejara hablar; ahí nació el psicoanálisis, gracias a ella quien le enseñó la regla fundamental con la que hasta ahora, iniciamos todas las sesiones de un análisis.
Por eso, preferí seguir ese camino (la via larga), la de la palabra plena, la que no miente, la de mis pacientes; aquellos que no sólo me enseñaron todo lo que es realmente el psicoanálisis, sino que además, me pagaron por aprenderlo.