05/12/2025
Gracias por sostener este taller del niño interior con tanta entrega. Gracias a cada uno, a cada una, por dejarse ver, por abrir la puerta a esa parte tan frágil y tan luminosa que llevamos dentro. Lo que ocurrió aquí no fue casualidad: fue el resultado del compromiso, de la valentía y de la profunda disposición de sanar. Este espacio se volvió un refugio donde las historias se escucharon sin juicio, donde las lágrimas encontraron hogar y donde la risa recordó que siempre hay un lugar para volver a empezar. Aquí se mostró que sanar no es regresar al pasado, sino tomar de la mano a quien fuimos y permitirle caminar con nosotros hacia un futuro más libre. Lo más hermoso de este viaje es que no lo hicimos solos. La fuerza del grupo creó una especie de abrazo colectivo: cálido, honesto, protector. Un abrazo que dice “no estás rota, no estás roto; solo estás reencontrándote”. Que lo vivido aquí se quede como una llama suave en el pecho, una que nos recuerde que merecemos ternura, que somos dignos de amor y que la historia personal siempre puede escribirse de nuevo. Hoy algo hermoso despertó… y lo mejor es que sigue creciendo dentro de cada uno.