15/11/2025
Cuando hablo de sombra, hablo de ese conjunto de creencias inconscientes, mecanismos heredados, automatismos y patrones que forman parte de mí… pero que no soy yo.
O al menos, no completamente.
Cuando no conozco mi sombra —cuando no sé qué la compone, qué la activa o qué la sostiene—, es ella quien dirige mi vida.
Y ahí aparece el sufrimiento.
No el dolor, que es inevitable y humano, sino el sufrimiento que nace de repetir una y otra vez la misma historia:
relaciones donde no me siento vista ni amada, trabajos que me apagan, límites que no puedo poner, síntomas que hablan de mi desconexión, ansiedad, apatía…
Todo eso está sostenido por lo no transformado: creencias, heridas, memorias, hábitos inconscientes.
Mi sombra.
El camino interior consiste en conocerla, reconocerla e integrar lo que habita en mí… porque una parte importante de lo que vivo depende de mí:
de lo que repito, de lo que permito, de lo que aún no he mirado.
Hoy está muy de moda decir “somos luz”.
Y sí, lo somos.
Pero si no la trabajo, si no la sostengo con conciencia, lo que se manifiesta automáticamente es la sombra.
No porque seamos “malas” o “equivocadas”, sino porque estamos llenas de patrones que actúan cuando no estamos presentes.
La sombra no se niega. La sombra se mira, se reconoce y se transforma.
Puedo ayudarte en el proceso de ver y hacer crecer tu luz, escríbeme Luz en comentarios y hablemos.