Jaticam Psicoterapeuta,

31/01/2026

Hay personas que no aprendieron a pedir.
Aprendieron a anticiparse.
A ofrecer antes de que el otro lo necesite.
A estar pendientes.
A resolver.
A cargar.
A no incomodar.
No porque sean generosas por naturaleza, sino porque alguna vez fue peligroso no hacerlo.
Cuando crecer implicó violencia emocional, rechazo o indiferencia, el cuerpo aprende algo muy claro:
si me adelanto, tal vez no me abandonen.
Y así, sin darnos cuenta, empezamos a vivir atentos al otro y desconectados de nosotros.
Confundimos amor con responsabilidad.
Cuidado con sacrificio.
Presencia con vigilancia.
Muchas personas viven relaciones —sobre todo con figuras significativas— donde terminan ocupando un lugar que no les corresponde:
el de quien sostiene, regula, calma, provee…
aunque por dentro esté cansado, enojado o profundamente triste.
Y cuando intentan no hacerlo, aparece la culpa:
¿seré mala persona?, ¿ingrata?, ¿cruel?
No.
Lo que aparece es una culpa aprendida, no una falta real.
En psicoterapia trabajamos justo ahí:
en ese punto donde dejar de anticiparte se siente peligroso,
donde poner un límite parece violencia,
donde no ir, no dar o no resolver despierta miedo al rechazo.
Acompaño procesos para recuperar el lugar propio sin culpa,
para escuchar lo que el cuerpo ya no quiere sostener,
y para construir vínculos donde no tengas que desaparecer para que el otro se quede.
Si algo de esto resuena contigo, quizá no necesitas esforzarte más.
Quizá necesitas un espacio donde dejar de sobrevivir y empezar a habitarte.
La psicoterapia puede ser ese lugar.

29/01/2026

¿Te has sentido viviendo en automático, aunque por fuera “todo esté bien”?
A veces no es que nadie nos vea.
Es que durante mucho tiempo aprendimos a no mirarnos,
a dudar de lo que sentimos,
a minimizarlo para no generar problemas.
Cuando vivir implicaba caminar con cuidado,
complacer no fue una elección:
fue una forma de protegerse.
Callar para evitar discusiones.
Ceder para que no se enojaran.
Aguantarse para que todo estuviera “tranquilo”.
El cuerpo aprende el mensaje:
sentir es peligroso,
necesitar molesta,
decir lo que quiero puede tener consecuencias.
Y así, poco a poco, una se va apagando.
No de golpe.
Despacio.
Se deja de confiar en el propio enojo,
en la tristeza,
en la incomodidad.
No porque no existan,
sino porque durante mucho tiempo no fueron bienvenidas.
Muchas personas llegan a la adultez sosteniendo vínculos,
cuidando palabras, midiendo reacciones…
con una sensación constante de cansancio y vacío.
Como si estuvieran siempre alertas.
Como si vivir relajadas no fuera una opción.
Volver a una misma no siempre empieza hablando fuerte.
A veces empieza cuando el cuerpo ya no puede más:
una presión en el pecho,
un n**o en la garganta,
un cansancio que no se va.
Poner un límite, decir que no, nombrar lo que duele
no es exagerar ni ser conflictiva.
Es dejar de abandonarse.
Si llevas tiempo funcionando sin sentirte del todo,
la psicoterapia puede ser un espacio seguro
para volver a escucharte,
sin miedo y sin culpa.

29/01/2026

A veces no es que no quieras “crecer”, amar o tener más.
A veces simplemente tu cuerpo no encuentra lugar en eso que otros llaman éxito, felicidad o relación ideal.
Y entonces aparece la duda:
¿por qué no me emociona?, ¿qué me falta?, ¿por qué no quiero lo que dicen que debería querer?
Muchas veces no es falta.
Es conciencia.
Es el cuerpo avisando que esa vida, ese vínculo o ese ritmo no son propios.
En psicoterapia acompañamos ese momento delicado en el que dejas de exigirte encajar y empiezas a explorar qué sí se siente verdadero para ti.
No se trata de cambiarte.
Se trata de escucharte.

Tal vez no te falta ambición.Tal vez tu cuerpo ya no sabe obedecer lo que no le pertenece.Hay ideas de éxito, de amor, d...
29/01/2026

Tal vez no te falta ambición.
Tal vez tu cuerpo ya no sabe obedecer lo que no le pertenece.

Hay ideas de éxito, de amor, de felicidad
que suenan muy bien en palabras,
pero que en el cuerpo se sienten tensas, forzadas, ajenas.
No sólo pasa con el tener o el hacer.
También ocurre en los vínculos:
cuando te dicen cómo deberías amar,
con quién conviene quedarte,
qué tipo de relación vale la pena,
qué ritmo es el “correcto”.
Y entonces aparece la incomodidad.
No sabes explicarla del todo,
pero algo no se acomoda en el pecho,
en el estómago,
en la respiración.
A veces esa incomodidad se confunde con culpa,
con la idea de que hay algo mal en ti,
de que no eres suficientemente valiente, madura o capaz
para querer lo que otros quieren.
Pero muchas veces no es falta.
Es conciencia.
Es el cuerpo marcando un límite
cuando te estás pidiendo vivir una vida,
un vínculo o un deseo que no es tuyo.
En psicoterapia exploramos ese punto delicado
donde dejas de exigirte encajar
y empiezas a escucharte con honestidad.
Porque no todo lo que se ve bien desde fuera
se siente habitable por dentro.
🌱
Acompañamiento psicoterapéutico presencial y en línea.

26/01/2026

A veces el ego no grita, se disfraza de fortaleza.
Nos dice que podemos solos, que no necesitamos sentir tanto, que mejor seguimos funcionando.
Pero el cuerpo suele delatarnos: cansancio, tensión, ese hueco que aparece cuando algo ya no encaja.
Explorar lo que hay detrás de ese personaje también es una forma de honestidad con uno mismo.
La psicoterapia puede ser ese espacio para mirar con calma, sin juicio, y escuchar lo que el cuerpo y la emoción llevan tiempo diciendo.

26/01/2026

Cuando decimos “esa persona tiene mucho ego”, solemos pensar en alguien creído o altivo.
Pero muchas veces no es soberbia, es defensa.
El ego no es sentirse superior,
es una parte que intenta protegerse del miedo, de la inseguridad o de no sentirse suficiente.
Por eso a veces grita, se defiende o se endurece.
No porque sea fuerte, sino porque algo adentro se siente frágil.
Comprender esto cambia la forma de mirar al otro…
y también de mirarnos.

¿Qué es eso que llamamos ego? Muchas veces decimos:esa persona tiene mucho egocomo si habláramos de alguien creído o sob...
26/01/2026

¿Qué es eso que llamamos ego?
Muchas veces decimos:
esa persona tiene mucho ego
como si habláramos de alguien creído o soberbio.
Pero el ego no es eso.
En lo humano —y en lo terapéutico—
el ego no es algo malo.
Es la parte de nosotros que intenta protegernos
del miedo, de la inseguridad,
de no sentirnos suficientes.
Por eso, cuando alguien parece tener demasiado ego,
muchas veces no es exceso de seguridad,
sino una defensa.
Un ego frágil suele:
necesitar demostrar,
ponerse a la defensiva,
tener dificultad para escuchar,
compararse constantemente,
sentirse fácilmente atacado.
No es fortaleza.
Es miedo tratando de cuidarse.
Cuando el ego es más sólido:
no hace tanto ruido,
puede equivocarse,
no necesita imponerse,
puede estar en desacuerdo sin romper el vínculo.

En psicoterapia no se trata de quitar el ego,
sino de comprender
qué parte de ti se está defendiendo
y por qué.
Cuando eso se comprende,
las relaciones cambian,
las decisiones se sienten más propias
y el malestar deja de pelearse.
Comprenderse cambia la forma de estar en el mundo.
Y ese proceso no tienes que hacerlo sola.

La historia de Ana (o de cualquiera de nosotros)Ana siempre tiene una respuesta.Habla con seguridad, corrige, explica de...
26/01/2026

La historia de Ana (o de cualquiera de nosotros)
Ana siempre tiene una respuesta.
Habla con seguridad, corrige, explica de más.
Si alguien la contradice, se tensa.
Si la cuestionan, se defiende.
Desde fuera, muchos dicen: “tiene un ego enorme”.
Lo que no se ve es que, al llegar a casa,
Ana repasa cada palabra.
Se pregunta si exageró,
si se vio mal,
si fue suficiente.
Aprendió hace mucho que equivocarse dolía,
que callarse era peligroso,
que mostrarse insegura tenía un costo.
Así que su ego hizo lo que pudo:
hablar antes de que la hieran,
saber antes de que la cuestionen,
mostrarse fuerte antes de sentirse pequeña.
No es soberbia.
Es miedo intentando protegerse.
Y casi todos, en algún momento,
hemos sido Ana.

ni ser más fuertes.
A veces necesitamos un espacio
donde no tengamos que demostrar nada.
La psicoterapia puede ser ese lugar:
un espacio para comprenderte,
aflojar defensas
y empezar a estar en el mundo de otra manera.

A veces, darse cuenta de que alguien se está siendo infiel no llega como una idea clara,sino como una sensación corporal...
25/01/2026

A veces, darse cuenta de que alguien se está siendo infiel no llega como una idea clara,
sino como una sensación corporal difícil de nombrar.
Puede sentirse como un hueco en el estómago,
como una incomodidad profunda,
como algo interno —muy interno— que avisa que lo que se está haciendo no coincide con lo que realmente se quiere.
No siempre es fácil distinguirlo.
Muchas veces aparece acompañado de justificaciones:
“así tiene que ser”,
“es lo mejor”,
“si digo que no, puedo perder”,
“si dejo de ser servicial, quizá me rechacen”.
Entonces se hace lo que no se quiere hacer,
no por deseo, sino por conveniencia.
Y en ese lugar no hay expansión,
no hay alivio inmediato,
no hay alegría.
Reconocer esto no siempre implica cambiarlo.
A veces implica algo más sutil y más honesto:
darse cuenta de que se está eligiendo algo que no se desea,
pero que, en este momento, también protege, sostiene o evita una pérdida mayor.
Nombrarlo no es traicionarse más.
Puede ser, incluso, una forma de cuidado.
Una manera de integrar la experiencia tal como es,
sin exigirse coherencias perfectas.
La psicoterapia puede ser un espacio para acompañar estas tensiones internas,
no para obligar a elegir distinto,
sino para habitar con mayor conciencia lo que hoy se está eligiendo.
Psicoterapeuta Judith Velázquez

25/01/2026

A veces, la infidelidad más honda ocurre cuando alguien se abandona a sí mismo.
No siempre tiene que ver con otra persona.
En ocasiones aparece cuando se deja de habitar la propia experiencia
para no perder vínculos,
para protegerse del rechazo,
para conservar un lugar, una pertenencia, una estabilidad.
Este abandono no suele ser un acto consciente ni una falta de integridad.
Muchas veces es una forma de cuidado:
un miedo que busca proteger,
un ajuste necesario en algún momento de la historia,
una manera de sostener lo que, en ese instante, parecía imprescindible.
Explorar esta posibilidad no busca cambiar quién se es,
sino permitir un reencuentro más honesto con la propia experiencia:
sentir lo que está ocurriendo
y sostenerlo en la existencia tal como es.
La elección de moverse o no de ese lugar es personal.
La psicoterapia puede ser un espacio para mirarlo con mayor conciencia.
Psicoterapeuta Judith Velázquez

¿Todavía te permites sentir como cuando eras niña?Vamos, venimos, resolvemos.Cumplimos horarios, respondemos mensajes, s...
24/01/2026

¿Todavía te permites sentir como cuando eras niña?
Vamos, venimos, resolvemos.
Cumplimos horarios, respondemos mensajes, seguimos.
El cuerpo está.
La mente también.
Pero la emoción… no siempre.
Crecimos aprendiendo a funcionar,
a pensar antes de sentir,
a aguantar más de lo que escuchamos lo que nos pasa por dentro.
Y aun así, hay algo en nosotras que recuerda:
sentir sin cálculo,
reír sin razón,
estar presentes de verdad.
A veces no es soledad.
Es desconexión.
De esa parte viva, curiosa, sensible
que alguna vez supo sentir con profundidad.
Tal vez la pregunta no es qué sigue,
sino qué estás sintiendo
mientras sigues.
Eder Ignacio García Velázquez
AI art madness

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