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Centro de Desarrollo Humano y Acompañamiento Psicoterapéutico, es un espacio para el autoconocimiento y la exploración del ser desde un enfoque holístico que permita disfrutar plenamente de las diferentes etapas de la vida.

11/06/2023
16/11/2022
30/05/2021

Papá, ¿me prometes que no te enojarás si te digo algo?".
-¿Qué es?
No, primero tienes que prometer.
Ok, no me enojo, lo prometo.

- Hoy lloré frente a toda la clase.
- Y, ¿por qué?
- Porque la maestra me dijo que no hice bien la tarea, y me sacó lágrimas en los ojos.

- Y, ¿crees que debería enojarme por esto?
- Mis amigos dicen que llorar es estúpido, que solo lloran los niños débiles.
- Pero, ¿sabías que habías hecho mal la tarea?
- No, pensé que era justo. La hice con mamá ayer.

- Entonces escúchame bien.
Hay dos cosas que te voy a decir, y tendrás que recordarlas por siempre. Prométeme que no las olvidarás.
- Ok, papá, lo prometo.

- Primero: ¡Estoy orgulloso de ti!
Saber que sabes llorar es una bendición, las lágrimas no son algo malo, son algo maravilloso, créeme, llorar no es para nada estúpido.
Si lloras, significa que estás sintiendo emociones, que estás vivo, que no eres una marioneta de madera sin ningún sentimiento, y apuesto a que tus amigos también habrán llorado infinidad de veces, aunque quieran hacerte creer lo contrario.
Así que, llora cada vez que quieras, todos lloran, y muy importante, nunca te avergüences de tus lágrimas, ellas son parte de ti.
A menudo son las lágrimas las que te hacen sentir mejor cuando estás enfermo, cuando te duele aquí, justo dentro del corazón.

- ¿Y lo segundo?".
- Equivocarse es normal. Hacer mal las cosas es normal.
Sabes que mamá y yo también, ¿nos hemos equivocado muchas veces?
Es de los errores que aprendes, nunca aprenderás nada de hacer las cosas bien, siempre de una manera correcta.
¡Siéntete siempre libre de equivocarte!

Así que, no me voy a enojar porque tú y mamá se equivocaron al hacer la tarea, y no me enojaré porque lloraste, al contrario, ¡estoy feliz!

Amo a los niños que se convirtieron en adultos y que todavía saben llorar ... Además saben de su derecho a equivocarse.

Errar es de humanos, llorar de valientes, así que levanta la cara y enfrenta la vida tal cual...

Créditos a su autor.

La importancia de cambiar nuestra propia narrativa
03/01/2021

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Psicoterapeuta, Tanatólogo y Coach Ontológico. Mario Guerra, explica cómo la vida con otra mirada, nos lleva lejos de la tristeza, del abandono, de la sequía...

A veces solo necesitamos que nos escuchen, que nos abracen, que nos acompañen mientras procesamos las emociones.Lo que s...
02/09/2020

A veces solo necesitamos que nos escuchen, que nos abracen, que nos acompañen mientras procesamos las emociones.
Lo que sucede cuando no obtenemos esa validación es que comenzamos a cerrarnos.
En el trabajo con adolescentes vemos la necesidad tan grande que tienen de hablar con sus papás y decirles cómo se sienten, muchos se resisten porque dicen que cuando expresan sus emociones sus papás se enojan o les dicen que no tienen motivos para sentirse así. En las relaciones de pareja sucede también, cuando alguno de ellos comparte algo que le pasó y que lo hace sentir triste, enojado, ansioso, culpable, el otro al no saber cómo reaccionar, interpreta, juzga o intenta solucionar el problema de la pareja, dando lugar a un distanciamiento emocional, ya que ahora no solo se tiene que lidiar con la emoción que ya estaba presente, sino también con el sentimiento que le genera la respuesta de la persona con la que se tiene el vínculo.

22/01/2020
No falten, una gran experiencia de de sanación y crecimiento personal
08/11/2018

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LA HERIDA MATERNA. ¿PARA QUÉ SANAR LA RELACIÓN CON MI MADRE?La relación con la madre es la más significativa en nuestra ...
26/08/2018

LA HERIDA MATERNA. ¿PARA QUÉ SANAR LA RELACIÓN CON MI MADRE?

La relación con la madre es la más significativa en nuestra vida, la base sobre la que se construyen todas las demás relaciones. Con la madre fuimos uno cuando estuvimos en su vientre, en nuestra vida intrauterina, respirábamos y nos nutríamos a través de ella y también recibíamos su energía y sus cambios emocionales. Luego seguimos íntimamente unidos a ella durante la lactancia. El vínculo con la madre es fundamental para la supervivencia. El niño, la niña, se miran en la madre, se ven en ella como si fuera un espejo. La madre representa al mundo y lo que de el proviene.
Para la mujer, representa la referencia del modelo femenino que puede reproducir o rechazar (va a manifestar una polaridad u otra), la forma de ser mujer, de vivir la femineidad y de ser madre. Para el hombre va a representar el modelo de mujer por el que se va a sentir atraído o va a rechazar ( aquí se manifiestan de nuevo las dos polaridades posibles), es decir, que condicionará su elección de pareja y la relación con ella: un hijo que ha tomado suficiente del amor de su madre podrá tener una compañera de vida, una pareja saludable; pero si no ha tomado lo suficiente de ella seguirá siendo buscando el amor de mamá en otra mujer, comportándose como hijo dentro de su pareja.
En todo proceso de acompañamiento bioemocional es fundamental explorar la relación con la madre, (tambien la del padre), porque la madre es la que nutre, la que se ocupaba de las necesidades del niño o de la niña, la que daba contención. Si estuvo presente cuando se la necesitaba, si satisfizo las necesidades afectivas o si eran ignoradas, si veía a su hijo o a su hija como seres individuales y no como una prolongación suya o un peso que se carga con culpa....
Todos llevamos en nuestro interior un niño herido que no fue amado como a nosotros nos hubiera gustado que nos amaran, que necesitó protegerse del dolor por ser demasiado vulnerable. Archivamos muchos de nuestros sentimientos y nos construimos una coraza defensiva para no sentir que no éramos amados como necesitábamos. Para sanar esa herida es necesario tomar contacto con el niño interior, ver dónde y de qué manera fue herido, localizar ese dolor física y emocionalmente a fin de liberar la energía bloqueada.
Conectar con el dolor, la rabia, la culpabilidad, la impotencia, la tristeza, reconocerlo, aceptarlo y de esta manera, empezar a sanar. Al reconocer al niño interior y tomar conciencia de su vulnerabilidad pueden surgir sentimientos de soledad, vergüenza, carencia, rechazo, sensación de no ser vistos ni tenidos en cuenta, de no ser elegidos.....
Escuchemos lo que nuestro niño/ niña interior acopió durante tanto tiempo en soledad e incomprensión, dejamos que llore,su llanto lo libera; que nos cuente sus miedos y necesidades, y también lo bello que vivió, los sueños, deseos, intuiciones y creatividad, y abrazarlo todo literalmente. Abraza a tu niño o niña interior. Estrechálo fuerte, dale tu amor a cataratas. Miralo dulcemente, contenélo, acunalo...dale más amor aún....
Hay niños buenos, niños obedientes, reprimidos, asustados, niños que tratan de agradar a su madre, niños que intentan ser perfectos, que niegan sus necesidades, niños que se refugian en la mente y niños que viven en el mundo de fantasía para evitar sentir, hay niños rebeldes e insolentes que buscan llamar la atención que no reciben.
Las heridas del niño y de la niña pueden ser por sobreprotección, por exceso de valoración y halago, por abandono, manipulación, comparación, miedo, rechazo, autoritarismo, exigencia, engaño, desconexión, violencia y abusos.
MIRANDO CON COMPASIÓN A LA MADRE
Las madres, que tambien han sido niñas heridas, que han tenido carencias en la infancia, están condicionadas y limitadas por su historia personal y familiar y por tal motivo tuvieron dificultades para amar incondicionalmente y sostener al niño si ella misma no aprendió a sostenerse y valorarse. Necesitamos en primer lugar reconocer nuestras heridas, ocuparnos de ellas y sanarlas, y es un proceso y lleva un tiempo. Pero lo que aún más importante - a mi entender y basada en mi propia experiencia y en la de las personas que me consultan - necesitamos perdonar a nuestra madre por lo que hizo o dejó de hacer, perdonar el daño que nos causó sus miedos, su ansiedad, su perfeccionismo, su autoexigencia, su necesidad de quedar bien, el abandono de sus propias necesidades por satisfacer la de otros. Perdonar su victimismo, su tristeza, su actitud depresiva, su dolor no resuelto del pasado, lo que supuso para ella la falta de Amor y comprensión de nuestro padre, sus propias carencias de infancia, tal vez la falta de madre o de padre y otros condicionamientos.
Ser capaces de ver a la niña herida también en nuestra madre, mirarla con compasión y aceptarla por completo, más allá de sus errores y limitaciones. Reconocer el o los programas familiares que llevó y la transmisión de creencias que limitaron su capacidad de amar suficiente para nosotros y comprender que no puede ofrecernos nuestra madre aquello que no tiene, que no le enseñaron o que no sabe cómo hacerlo. Creo sinceramente que el mejor camino de la sanación es agradecer y valorar lo que nuestra madre ha hecho por nosotros. Tomar lo que de ella proviene como un legado, el que nos corresponde, el que pudo darnos, los fallos y también sus dones.
Cuando hacemos esto nos sentimos plenos y caminamos sobre la Tierra bendecidos y merecedores de todo lo bueno, de todo la abundancia que el Universo tiene para nosotros. Cuando no aceptamos, rechazamos lo que ella nos dio, estamos negando y rechazando nuestros orígenes, y eso es negarnos a nosotros mismos, lo que nos confunde y nos llena de dolor. Cuando uno no acepta a su madre no puede amarse ni aceptarse a sí mismo. Aceptarlo todo como fue porque, esa fue nuestra experiencia, ese fue el aprendizaje familiar, lo que nos ha hecho ser lo que somos, nuestro legado completo.
Honrarla y aceptarla como es nos conduce a la paz y a la reconciliación.
Más allá del dolor de nuestro niño herido también está el dolor de nuestra madre y el dolor que nosotros hemos añadido al rechazarla y juzgarla en ocasiones. Un hijo sólo puede estar en paz consigo mismo si se encuentra en paz con los padres, lo que significa que los acepta y los reconoce como son. No es posible decir: “esto lo tomo” y “esto lo rechazo”. Aceptar a los progenitores como son es un proceso curativo en sí mismo, el alma de la persona siente alivio y paz.

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