03/03/2026
El diablo no existe, son tus papás…
Quiero partir de ahí.
En esa frase que incomoda, porque el diablo, como figura externa, nos libera de responsabilidad.
En cambio, cuando dices “son tus papás”, hablas del origen, del molde, de la primera estructura que te enseñó qué era el bien y qué era el mal.
Una estructura que es más bien heredada, no tomada por elección.
La idea preconcebida del bien y el mal como absolutos se desdibuja.
Se gesta una línea que es dirección: si no le sirves a Dios, te sirves a ti mismo.
Y servirte a ti mismo no siempre significa egoísmo evidente; a veces significa poner tu voluntad por encima de lo que dices creer.
Desde mi perspectiva, esa es la metáfora de Judas Iscariote.
La traición de Judas no parte de la acción de entregar a Jesús; parte de entregarse a sus propios deseos, pensamientos o intereses, como lo queramos ver.
Es decir, veía a Jesús, pero su interpretación personal del propósito se inclinó a lo material, a lo que él quería que sucediera, dejando de lado lo que decía creer cuando caminaba junto a Él.
Ahí es donde la historia deja de ser religiosa y se transforma en una metáfora de la relación humana con Dios, porque nosotros hacemos lo mismo.
¿Cómo?
Creemos en Dios. Sentimos que creemos. Defendemos que creemos. Pero vivir bajo su gracia implica renunciar a que nuestra voluntad sea el centro. Y esa es la parte que duele.
Y que nadie te dice 🪬
Decimos que confiamos, a boca llena, pero queremos comprobar incluso sus milagros.
Decimos que creemos, pero exigimos señales.
Decimos que servimos, pero queremos que el resultado se alinee con nuestra expectativa.
Y en esa mezcla —fe más voluntad propia— la conexión se vuelve frágil.
A veces estamos tan cerca, súper involucrados, convencidos; pero al mismo tiempo tan lejos, porque el propósito que realmente guía nuestras acciones es personal.
Todo depende de voluntad y propósito. No de un discurso previamente aprendido y repetido sin sentido.
Tus acciones revelan a quién sirves.
No es lo que predicas o dices ser; por el contrario, es lo que eliges cuando nadie te está mirando.
Ahí se define la dirección y el verdadero propósito.
Entonces, viéndolo desde ahí, el problema deja de ser el bien y el mal como categorías morales rígidas.
Se vuelve conciencia.
Hay millones de acciones llenas de intenciones claras, alineadas con lo que se cree. Pero también hay acciones vacías, hechas desde impulso, miedo, ambición o necesidad de control.
Ahí es donde entra Dios con su infinita misericordia, porque el ser humano se confunde y mezcla fe con deseo.
El hombre interpreta el llamado según su conveniencia.
Y aun así, sigue siendo llamado y es bien recibido.
Por eso la frase inicial pesa tanto: “El diablo no existe, son tus papás”.
Es decir, el conflicto parte de lo que aprendiste, de cómo te enseñaron a entender a Dios, de la estructura que formó tu conciencia. Así que, entendiéndolo desde el origen, todo cambia.
Desde ahí, tú decides cada día si tu voluntad gobierna tu fe, o si tu fe transforma tu voluntad. 🪬
Nada cambia solo por entenderlo. Lo hace cuando decides mirarte con honestidad y actuar con congruencia interna.
Si estás listo para ir al origen y transformar tu voluntad desde la conciencia, agenda una sesión conmigo.
229 936 5903