12/02/2026
Gritarle a un niño no es solo “un regaño fuerte”: su cerebro suele interpretarlo como amenaza y activa estrés (miedo, defensa o bloqueo). En ese estado, disminuyen la escucha, la autorregulación y el aprendizaje. El mensaje puede pasar de “lo que hiciste estuvo mal” a “yo estoy mal”, afectando autoestima, seguridad emocional y confianza en el adulto.
Según la evidencia, la disciplina verbal dura y repetida (gritos, humillaciones, insultos o amenazas) se asocia con más problemas de conducta y más síntomas depresivos en la adolescencia, además de dificultades de regulación emocional, hipervigilancia y vergüenza o desconfianza en las relaciones. Estudios poblacionales también vinculan el maltrato emocional/verbal con peor salud mental en la adultez. El riesgo aumenta con la frecuencia, intensidad, contenido degradante y falta de reparación; no es lo mismo un alzamiento ocasional de voz que un patrón cotidiano.