15/02/2023
Cuando el corazón imperfecto del hombre se encuentra con la majestuosidad de Su Creador, del Rey, de Aquel que lo llena todo, uno es absorbido por esa misma presencia que hace que todo lo demás pierda valor y sentido. Lo único que quieres es estar ahí, con el Amado. Uno podría pasar horas y horas y jamás te cansarías, porque estás con Él.
Lamentablemente hoy el ”orden” se ha adueñado de nuestras reuniones de iglesia. Nos hemos acomodado tanto a tres canciones rápidas, dos lentas, una prédica, oración final poderosa, ofrendas, despedida y adiós.
En pos de captar más gente para Dios muchas (no todas) congregaciones han moldeado su liturgia para facilitarle las cosas a las personas y así mismas y es que claro, es un modelo que funciona, pero que no siempre es lo que Dios quiere recibir.
Tener tres, cuatro, cinco o más reuniones seguidas en domingo no asegura que el Padre se complazca de ellas, que sea lo que quiera recibir. Tampoco lo es cantar por cantar horas y horas, nadie lo aguantaría, incluso Dios.
Se trata de buscar agradar al Padre, de no olvidar que no nos reunimos en nuestras congregaciones para evangelizar o hablarle a alguien de Jesús (aun cuando podría ser un efecto) eso lo hacemos en nuestro día a día, en nuestras casas, escuelas, trabajos y donde quiera que andemos.
¡El reunirnos se trata de Él y solo de Él! No lo hacemos para impresionar a la gente con nuestro servicio, nuestras luces o música, o nuestra elocuencia en el púlpito y que con todo eso se queden con nosotros, ¡se trata de impresionarlo a Él! ¡De hacer que Él se quede ahí donde nosotros estamos reunidos en Su Nombre!
Por ello no deberíamos encasillarlo a nuestra agenda u horario, sino buscar que es lo que Él quiere para cada reunión, el tiempo que Él quiera, el tema que Él quiera, la música que Él quiera, prepararlo todo a cómo Él quiera.
Es difícil cambiar esta forma de pensar porque son años y años que se han venido haciendo las cosas iguales, pero eso no quiere decir que sea imposible.
Que Dios despierte corazones hambrientos y desesperados no por buscar ser relevantes o innovadores, sino por ser verdaderos anfitriones de Su presencia. Gente que capta la atención del Padre porque no busca otra cosa mas que darle placer a Su corazón. Que anhelan que se haga en la tierra como en el cielo. Que desean ver su gloria manifestada cubriendo toda la tierra. Que atraen a Jesús y lo preparan todo para su regreso.
Ciertamente, Él viene pronto. Amén. ¡Ven, Señor Jesús!