31/01/2026
El camino no tiene prisa.
Somos nosotros quienes llegamos con urgencia.
Cuando el cuerpo avanza en silencio y la respiración encuentra su ritmo,
la mente comienza a soltarse de sus exigencias
y el corazón se vuelve receptivo.
La montaña no pide esfuerzo innecesario,
solo constancia.
El agua no exige control,
solo atención.
El sendero no promete certezas,
ofrece experiencia directa.
En estos espacios aprendemos algo esencial:
la práctica espiritual no consiste en acumular momentos especiales,
sino en habitar cada instante con honestidad.
Cuando dejamos de luchar contra el cansancio,
descubrimos la paciencia.
Cuando aceptamos el silencio,
la mente se aclara.
Cuando caminamos sin buscar llegar,
la presencia se establece por sí sola.
Así, el entorno se vuelve maestro
y la vida misma se convierte en práctica.
Lama Norbu 📿🪷