25/12/2025
POR QUÉ EL CUERPO ENTRA EN INFLAMACIÓN CUANDO LA MENTE NO DESCANSA
Cuando la mente no descansa, el cuerpo interpreta que sigue existiendo una amenaza. Aunque no haya un peligro físico real, el cerebro no diferencia entre un problema externo y una carga mental constante. Pensamientos repetitivos, preocupación sostenida, sobreestimulación y falta de pausas mantienen activo el sistema de alerta. Como consecuencia, el organismo entra en un estado inflamatorio crónico de bajo grado, una respuesta silenciosa que afecta múltiples sistemas sin dar señales inmediatas.
Este proceso comienza en el cerebro, específicamente en la amígdala, que detecta peligro, y en el hipotálamo, que coordina la respuesta al estrés. Cuando la mente no logra desconectarse, se activa de forma continua el eje hipotálamo–hipófisis–adrenal, elevando los niveles de cortisol y adrenalina. Estas hormonas están diseñadas para actuar por periodos cortos, pero cuando se mantienen elevadas, alteran la regulación del sistema inmunológico y favorecen la liberación de citoquinas proinflamatorias.
En condiciones normales, el cortisol ayuda a controlar la inflamación. Sin embargo, bajo estrés mental persistente, las células inmunes desarrollan resistencia al cortisol, perdiendo su capacidad de responder a su señal reguladora. El resultado es paradójico: aunque el cortisol esté alto, la inflamación aumenta. Este fenómeno explica por qué personas con estrés mental crónico presentan dolores musculares, rigidez, molestias digestivas, cansancio persistente o síntomas difusos sin una causa clínica clara.
La falta de descanso mental también afecta al sistema nervioso autónomo. El predominio del sistema simpático (alerta) inhibe al sistema parasimpático, responsable de la reparación, la digestión y la regeneración celular. Sin esta fase de recuperación, el cuerpo no logra apagar los procesos inflamatorios ni eliminar correctamente los subproductos del metabolismo celular. Incluso el sistema linfático —clave para la limpieza interna— se vuelve menos eficiente cuando no hay relajación ni movimiento consciente.
Además, la mente sobrecargada interfiere con el sueño profundo, el momento en que el cerebro activa el sistema glinfático para eliminar toxinas y regular la inflamación cerebral. Dormir mal o con el cerebro hiperactivo mantiene residuos inflamatorios circulando y refuerza el estado inflamatorio sistémico. A largo plazo, este entorno favorece el envejecimiento celular, debilita el sistema inmunológico y aumenta el riesgo de enfermedades metabólicas y cardiovasculares.
El cuerpo no se inflama porque sí: se inflama porque no recibe la señal de seguridad necesaria para descansar. Aprender a calmar la mente mediante pausas reales, respiración profunda, desconexión de estímulos constantes, actividad física regular y sueño reparador permite que el sistema nervioso baje la alerta y que la inflamación disminuya. Cuando la mente descansa, el cuerpo deja de defenderse.
Fuente: Brain, Behavior, and Immunity; Psychoneuroendocrinology; Nature Reviews Immunology.