El Alquimista Interior

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El amor no fracasa por el conflictoFracasa cuando uno de los sistemas nerviosos no ha hecho su alquimia internay espera ...
28/12/2025

El amor no fracasa por el conflicto

Fracasa cuando uno de los sistemas nerviosos no ha hecho su alquimia interna
y espera que la relación la haga por él.

Esta es una verdad incómoda, pero necesaria.

La mayoría de las relaciones no terminan porque “no hubo amor”,
ni porque alguien “no fue suficiente”.
Terminan porque el conflicto aparece —como siempre aparece—
y uno (o ambos) no tiene estructura interna para sostenerlo.

No porque sea mala persona.
No porque no quiera amar.
Sino porque no ha hecho su proceso interno.



Las 5 etapas relacionales (psicología moderna)

Desde la psicología contemporánea, muchas corrientes coinciden —con distintos nombres— en un mismo mapa relacional:

1. Infatuación
Alta química. Dopamina, oxitocina. Proyección.
No amas al otro: amas lo que crees que el otro es.

2. Diferenciación
La química baja. El sistema nervioso se relaja.
Caen las máscaras. Aparecen heridas, miedos, activaciones.

Aquí es donde muchas personas piensan:
“algo está mal”.

No.
Aquí empieza lo real.

3. Lucha de poder
Control, retirada, pruebas, culpa, manipulación (consciente o no).
No estás peleando con tu pareja:
estás peleando con tu infancia.

Esta es la etapa que la mayoría no sobrevive.

4. Reparación y crecimiento
Escuchar sin defender. Hablar sin atacar. Reparar después del conflicto.
Regulación individual y co-regulación consciente.

Aquí el amor deja de ser impulso
y se vuelve práctica.

5. Amor seguro / armonía
No perfecto. No sin conflicto.
Pero seguro.
El desacuerdo ya no se vive como amenaza.



El mismo mapa, dicho hace siglos (alquimia)

Ahora viene lo interesante:
esto no es nuevo.

La alquimia occidental lo describió hace siglos con otro lenguaje:

Nigredo → Infatuación
Caos, disolución, oscuridad fértil.
Proyección total. Idealización.

Albedo → Diferenciación
Purificación. Caen las ilusiones.
Aparece lo que estaba oculto.

Citrinitas → Lucha de poder + inicio de reparación
⚠️ La fase que casi nadie nombra.
Responsabilidad, conciencia, regulación.
Dejar de reaccionar desde la herida y empezar a responder desde presencia.

Esta fase no se aprende en pareja.
Se cultiva dentro.

Rubedo → Amor seguro
Integración. Unión consciente.
No fusión. No dependencia.
Presencia encarnada.



Nota importante (aquí viene el punto fino)

Este proceso no solo ocurre en pareja.
Ocurre exactamente igual dentro de ti.

Desde otros lenguajes:

• Neurociencia:
Es la integración entre sistema límbico y corteza prefrontal.
Entre reactividad y presencia.

• Psicología profunda:
Es el diálogo entre partes heridas y el Self adulto.

• Energía / simbolismo:
Es la unión del masculino y el femenino interno.
Acción y receptividad.
Límite y apertura.

Si no haces este proceso interno,
la relación se vuelve un campo de supervivencia.

Y entonces el conflicto no transforma.
Desgasta.



Lo que casi nadie quiere escuchar

No puedes cruzar la etapa de reparación
si alguno de los dos sigue esperando
que el otro cargue con su sistema nervioso.

No puedes construir intimidad real
si uno sigue reaccionando desde patrones antiguos
y el otro ya no está dispuesto a sostenerlos.

Eso no es amor fallando.
Eso es alquimia desfasada.



Mi manifiesto personal

Esto no es una regla universal.
Es mi límite consciente.

Puedo acompañar procesos.
Puedo caminar al lado.
Pero no puedo construir intimidad con alguien
que no ha iniciado su propia alquimia interna.

No pido perfección.
No pido iluminación.
Pido responsabilidad.

Pido a alguien que esté dispuesto a mirarse,
a regularse,
a hacerse cargo de su mundo interno
sin secuestrar el del otro.

Este es mi manifiesto.
No tiene que ser el tuyo.

La pregunta real es otra:

¿Cómo se ve el tuyo?



Adya-Shivael לִאוֹר









28/12/2025
El Buda de la Medicina: iconografía, verdad y devoción bien entendida⸻El llamado Buda de la Medicina no es un “Buda dife...
27/12/2025

El Buda de la Medicina: iconografía, verdad y devoción bien entendida



El llamado Buda de la Medicina no es un “Buda diferente”.

En las tradiciones budistas se le conoce como Bhaiṣajyaguru (sánscrito) o Sangye Menla (tibetano), pero no estamos hablando de otro ser distinto.

Es el mismo Siddhartha Gautama,
manifestándose a través de un arquetipo específico:
la función de la medicina.

Esto es importante decirlo desde el inicio, porque aquí se rompe una confusión muy común:
no existen Budas “especializados” para evitar el trabajo interno.
Existe una sola realización, que se expresa de distintas formas según la necesidad del ser.

Eso, en sí mismo, ya es upāya.



El color azul: la medicina no es anestesia

Uno de los elementos más evidentes del Buda de la Medicina es su color azul profundo, tradicionalmente asociado al lapislázuli.

Este azul no simboliza calma emocional.
No es relajación.
No es “energía bonita”.

El azul representa lucidez, mente clara, consciencia que no negocia con la ilusión.

Desde una lectura simbólica más amplia —que no contradice la tradición, sino que la profundiza— el azul se relaciona con la verdad encarnada.

La medicina verdadera es verdad.

Y la verdad no siempre es cómoda.

Por eso, el Buda de la Medicina no es blanco, ni dorado, ni luminoso en un sentido edulcorado.
Es azul.
Porque sanar implica ver lo que es, no lo que nos gustaría que fuera.



El cuenco y la planta: el veneno y la medicina son lo mismo

En la iconografía tradicional, el Buda de la Medicina sostiene un cuenco con una planta medicinal (a menudo identificada como arura o myrobalan).

Este símbolo es clave.

En las tradiciones antiguas —no solo budistas— se entendía algo fundamental:

La diferencia entre veneno y medicina
no es la sustancia,
sino la dosis, el momento y la capacidad del cuerpo.

La verdad puede sanar o destruir.
La confrontación puede liberar o traumatizar.
La responsabilidad puede empoderar o aplastar.

Todo depende de cómo se administre.

Eso es upāya.

El Buda de la Medicina no elimina el veneno.
Lo dosifica.



La postura: presencia estable, no huida

El Buda de la Medicina aparece sentado, estable, completamente presente.

No está en movimiento.
No está luchando.
No está escapando.

La sanación no ocurre huyendo del síntoma,
sino quedándose lo suficiente como para entenderlo.

Esto también es una enseñanza directa:
no todo camino es acción frenética, limpieza constante o ritual tras ritual.

A veces, la medicina es detenerse y ver.



¿Qué es realmente la devoción?

Aquí es donde suele aparecer otra confusión importante.

La devoción no es veneración ciega.
No es idolatría.
No es dependencia.

En el budismo —especialmente en el Vajrayāna— la devoción es una tecnología de conciencia.

Cuando alguien se conecta con el Buda de la Medicina, no se está “sometiendo” a una deidad externa.
Se está alineando internamente con el arquetipo que ese Buda encarna.

Esto es la base del Guru Yoga.



Guru Yoga: no es adoración, es resonancia

El Guru Yoga no consiste en poner al maestro en un pedestal.
Consiste en reconocer en el maestro —o en el arquetipo— aquello que ya existe como potencial en uno mismo.

El maestro no hace el trabajo por ti.
El arquetipo no te salva.

Te recuerda.

Por eso, en el Guru Yoga auténtico, la dependencia se disuelve con el tiempo.
No se fortalece.

Si una práctica genera más carencia, más miedo o más dependencia,
no es medicina.
Es otra forma de evasión.



Una Tara, muchos rostros

Algo similar ocurre con Tara.

Tradicionalmente se habla de 21 Taras, pero no son 21 seres distintos.
Es una sola conciencia, expresándose en distintos modos de acción.

Protección, claridad, compasión, acción rápida, firmeza…
no son “Taras diferentes”,
son facetas del mismo principio, manifestadas según la necesidad.

De la misma forma, el Buda de la Medicina no es “otro Buda”.
Es la misma realización, actuando como medicina.

Entender esto evita absolutizar prácticas, figuras o rituales.

Y evita convertir caminos vivos en sistemas de dependencia.



La verdadera medicina

El Buda de la Medicina no promete comodidad.
No quita la responsabilidad.
No anestesia el dolor.

Ofrece algo más difícil:

La capacidad de ver la verdad sin colapsar.

Cuando eso ocurre, la sanación ya comenzó.

No porque todo se haya resuelto,
sino porque ya no estás huyendo de lo que pide ser integrado.

Eso es medicina.



Adya-Shivael לִאוֹר







26/12/2025
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