14/03/2026
Higiene del sueño
Dormir no es simplemente “apagar el cuerpo”. Mientras dormimos, el cerebro sigue trabajando: organiza recuerdos, regula emociones y permite que el sistema nervioso se recupere del estrés del día.
A esto le llamamos higiene del sueño: el conjunto de hábitos que favorecen un descanso profundo y reparador.
En una cultura que glorifica estar siempre ocupados, muchas personas sacrifican el sueño sin dimensionar sus efectos. Sin embargo, dormir mal de forma constante puede impactar directamente en nuestra salud mental y física.
Cuando no descansamos bien es común experimentar:
• irritabilidad
• dificultad para concentrarse
• ansiedad
• bajo estado de ánimo
• fatiga constante
• menor tolerancia a la frustración
Muchas veces las personas llegan a consulta pensando que tienen ansiedad o depresión, y en algunos casos sí puede tratarse de un cuadro clínico. Pero también ocurre que los hábitos de sueño están profundamente alterados.
Dormir pocas horas, dormir con interrupciones o vivir en horarios desordenados puede intensificar síntomas emocionales.
Por eso, parte del trabajo terapéutico muchas veces consiste también en revisar hábitos básicos: descanso, alimentación, ritmo de vida.
A veces, algo tan simple —y tan difícil— como volver a dormir bien, puede marcar una diferencia importante en cómo nos sentimos.
La higiene del sueño no es un lujo, es una forma básica de autocuidado.
Algunas prácticas simples pueden ayudar:
• mantener horarios regulares para dormir y despertar
• reducir el uso de pantallas antes de acostarse
• crear un pequeño ritual nocturno que le indique al cuerpo que es momento de descansar
• evitar estimulantes como café o bebidas energéticas por la noche
• cuidar que el dormitorio sea un espacio oscuro, tranquilo y cómodo
Dormir bien no solo mejora nuestra energía al día siguiente.
También protege nuestra salud emocional.
Descansar también es una forma de cuidarnos.
Psicóloga Wen
Sacado de la red
̃o