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Puntos de vista / Publicado el 25 de enero de 2026¿Crisis de autoridad?𝐏𝐨𝐬𝐯𝐞𝐫𝐝𝐚𝐝: 𝐞𝐥 𝐨𝐜𝐚𝐬𝐨 𝐝𝐞 𝐥𝐨𝐬 𝐞𝐱𝐩𝐞𝐫𝐭𝐨𝐬𝐸𝑛 𝑙𝑎 𝑒𝑟𝑎 𝑑𝑒 𝑙...
03/02/2026

Puntos de vista / Publicado el 25 de enero de 2026
¿Crisis de autoridad?
𝐏𝐨𝐬𝐯𝐞𝐫𝐝𝐚𝐝: 𝐞𝐥 𝐨𝐜𝐚𝐬𝐨 𝐝𝐞 𝐥𝐨𝐬 𝐞𝐱𝐩𝐞𝐫𝐭𝐨𝐬
𝐸𝑛 𝑙𝑎 𝑒𝑟𝑎 𝑑𝑒 𝑙𝑎 ℎ𝑖𝑝𝑒𝑟𝑐𝑜𝑛𝑒𝑐𝑡𝑖𝑣𝑖𝑑𝑎𝑑, 𝑙𝑎 𝑑𝑒𝑠𝑐𝑜𝑛𝑓𝑖𝑎𝑛𝑧𝑎 ℎ𝑎𝑐𝑖𝑎 𝑒𝑙 𝑐𝑜𝑛𝑜𝑐𝑖𝑚𝑖𝑒𝑛𝑡𝑜 𝑒𝑥𝑝𝑒𝑟𝑡𝑜 𝑛𝑜 𝑠𝑜𝑙𝑜 𝑝𝑒𝑟𝑠𝑖𝑠𝑡𝑒: 𝑠𝑒 𝑝𝑟𝑜𝑓𝑢𝑛𝑑𝑖𝑧𝑎. 𝑈𝑛 𝑎𝑛𝑎́𝑙𝑖𝑠𝑖𝑠 𝑑𝑒 𝑙𝑜𝑠 𝑠𝑒𝑠𝑔𝑜𝑠 𝑐𝑜𝑔𝑛𝑖𝑡𝑖𝑣𝑜𝑠, 𝑙𝑎𝑠 𝑒𝑚𝑜𝑐𝑖𝑜𝑛𝑒𝑠 𝑦 𝑙𝑎𝑠 𝑛𝑢𝑒𝑣𝑎𝑠 𝑓𝑖𝑔𝑢𝑟𝑎𝑠 𝑑𝑒 𝑎𝑢𝑡𝑜𝑟𝑖𝑑𝑎𝑑 𝑞𝑢𝑒 𝑒𝑥𝑝𝑙𝑖𝑐𝑎𝑛 𝑝𝑜𝑟 𝑞𝑢𝑒́ 𝑙𝑎 𝑒𝑣𝑖𝑑𝑒𝑛𝑐𝑖𝑎 𝑐𝑖𝑒𝑛𝑡𝑖́𝑓𝑖𝑐𝑎 𝑝𝑖𝑒𝑟𝑑𝑒 𝑡𝑒𝑟𝑟𝑒𝑛𝑜 𝑓𝑟𝑒𝑛𝑡𝑒 𝑎𝑙 𝑑𝑖𝑠𝑐𝑢𝑟𝑠𝑜 𝑠𝑖𝑚𝑝𝑙𝑖𝑠𝑡𝑎 𝑦 𝑐𝑜𝑛𝑠𝑝𝑖𝑟𝑎𝑡𝑖𝑣𝑜.

Autor: Dr. Ariel Kraselnik*

“Son tiempos peligrosos. Nunca hemos tenido tanto acceso a la información, y a la vez, jamás ha existido tanta resistencia al aprendizaje”.

Esta frase es de Tom Nicholls, autor de “La muerte de la experiencia”, un libro publicado en el año 2017. Desde ese momento hemos vivido, entre otras cosas: la profundización de las hiperconectividad y las redes sociales, una pandemia, el estallido de numerosas guerras y la llegada de la inteligencia artificial a nuestra vida cotidiana. Todo esto no ha hecho sino agravar el diagnóstico de Nicholls.
“𝑺𝒐𝒔 𝒎𝒆́𝒅𝒊𝒄𝒐, 𝒏𝒐 𝒕𝒆 𝒄𝒓𝒆𝒐. 𝑻𝒆 𝒍𝒂𝒗𝒂𝒓𝒐𝒏 𝒆𝒍 𝒄𝒆𝒓𝒆𝒃𝒓𝒐 𝒑𝒂𝒓𝒂 𝒓𝒆𝒑𝒆𝒕𝒊𝒓 𝒍𝒂𝒔 𝒎𝒆𝒏𝒕𝒊𝒓𝒂𝒔 𝒅𝒆 𝒍𝒂 𝒇𝒂𝒓𝒎𝒂𝒇𝒊𝒂”

En mi cuenta de Instagram, recibo comentarios como este varias veces a la semana. A esta altura, a nadie le debe sorprender, ya que este tipo de discursos se han hecho normales. Teorías sobre intereses oscuros, malignas corporaciones manipulando la realidad y macabros planes de dominación mundial predominan ampliamente por sobre la discusión de hechos concretos en un marco científico objetivable y demostrable. Detrás de estas reacciones podemos identificar algunos sesgos cognitivos que vale la pena describir.

𝐄𝐟𝐞𝐜𝐭𝐨 𝐃𝐮𝐧𝐧𝐢𝐧𝐠-𝐊𝐫𝐮𝐠𝐠𝐞𝐫
Este efecto consiste en que las personas tienden a confiar más en su conocimiento cuando menos saben sobre un tema en cuestión. Vemos este efecto cotidianamente, por ejemplo, cada vez que escuchamos a un influencer sin educación en ciencias de la salud dar una fuerte opinión acerca de un alimento o una dieta, en flagrante contradicción con el consenso científico. El efecto Dunning-Kruger también describe que, a medida que se gana experiencia, uno se hace más consciente de sus propias limitaciones. Es por ello que los verdaderos expertos se expresan de forma cautelosa, reconociendo lo vasto y dinámico que es el conocimiento.

Figura 1. El efecto Dunning-Kruger muestra que las personas que menos saben son las que tienen más confianza en su conocimiento (“pico de la ignorancia”). A medida que se va adquiriendo competencia, la confianza disminuye (“valle de la desesperación”), para luego ir subiendo gradualmente al acercarse a la expertisia.

𝐀𝐩𝐞𝐥𝐚𝐜𝐢𝐨́𝐧 𝐚 𝐥𝐚 𝐧𝐨-𝐚𝐮𝐭𝐨𝐫𝐢𝐝𝐚𝐝
La falacia de apelación a la autoridad ocurre cuando, como razón para creer en la verdad o la falsedad de una afirmación, se cita la opinión de alguna autoridad. Es una falacia, porque la verdad de una afirmación no depende quién la diga. Ser conscientes de cuando se está usando una apelación a la autoridad nos hace más críticos de los mensajes que recibimos, ya que evita el “esto es así porque lo dice X”. Pero hoy hemos pasado de lo que podría ser un sano escepticismo a la directa desacreditación de una persona, no sólo a pesar de ser un experto, sino muchas veces debido a que lo es.

No hay más que entrar a posts de redes sociales sobre vacunación, cambio climático o nutrición, para dar cuenta de ello. Como resalta Nicholls: “el problema no es la indiferencia hacia el conocimiento, sino la abierta hostilidad al mismo”. A esto yo lo llamo “falacia de apelación a la no-autoridad”, que consiste en asignar mayor veracidad a una afirmación hecha por una persona que no es una autoridad, por considerar que dicha persona no se halla “corrompida” o “adoctrinada”. De hecho, mucha gente se enorgullece de pertenecer a una minoría “despierta”, que ha escapado del adoctrinamiento que las élites desean imponer. Ya no son borregos que se dejan guiar dócilmente: son “pensadores independientes”. Retomaré esto más abajo.

𝐋𝐚 𝐥𝐞𝐲 𝐝𝐞𝐥 𝐦𝐞𝐧𝐨𝐫 𝐞𝐬𝐟𝐮𝐞𝐫𝐳𝐨
En el libro “Pensar rápido, pensar despacio”, el psicólogo Daniel Kanhemann divide esquemáticamente a nuestra mente en dos sistemas, resumidamente: el sistema 1 es el que predomina en nuestra vida cotidiana, tomando decisiones rápidas basado en prejuicios y emociones, y el sistema 2, que se activa cuando necesitamos usar la racionalidad para tomar decisiones más difíciles. La activación del sistema 2 tiene un alto costo cognitivo, por lo que siempre, por defecto, tendemos a utilizar el sistema 1 en nuestra toma de decisiones. Las teorías conspirativas y descalificaciones le hablan directamente al sistema 1, ya que se apoyan en prejuicios y emociones, y no requieren ningún tipo de educación, estudio formal o análisis racional.

𝐋𝐚 𝐨𝐩𝐨𝐬𝐢𝐜𝐢𝐨́𝐧 𝐯𝐢𝐫𝐭𝐮𝐨𝐬𝐚
El hecho de posicionarse en contra de la autoridad establecida está imbuido en un aura de moralidad y resistencia al autoritarismo, valores positivos de las sociedades occidentales en las que la libertad individual y la experiencia personal tienen un valor supremo. Curiosamente, desde el plano político, en este punto los extremos parecen tocarse. Desde la derecha, se rechaza a la autoridad por interpretar que su objetivo es la coartación de las libertades individuales por parte de una élite académica y tecnócrata que responde a una agenda global de dominación. Desde la izquierda, la autoridad es rechazada por representar un poder cuyo fin último es perpetuar la opresión (clásicamente de la clase trabajadora y hoy, bajo la influencia de la interseccionalidad, el tribalismo y la teoría crítica de la raza, más centrada en cuestiones de raza y género), y también en nombre del relativismo. Llegando por derecha o por izquierda, vemos que el resultado es el mismo: la virtuosidad de luchar contra la opresión.

𝐋𝐚 𝐞𝐦𝐨𝐜𝐢𝐨́𝐧 𝐥𝐞 𝐠𝐚𝐧𝐚 𝐚 𝐥𝐚 𝐢𝐧𝐟𝐨𝐫𝐦𝐚𝐜𝐢𝐨́𝐧
Es evidente que, en el campo de la medicina, los avances científicos han sido tan notables que nos permiten vivir sin pensar en las múltiples enfermedades que hace unas décadas eran mortales o dejaban graves secuelas. Pensemos en los enormes avances que representaron la vacunación contra la poliomielitis o la viruela (primera enfermedad en la historia que logró erradicarse completamente), el desarrollo de antibióticos, la anestesia, procedimientos quirúrgicos, imágenes… Hace menos de 100 años, una mujer tenía cerca del 50 % de chances de morir en el parto y la esperanza de vida promedio no superaba los 40 años. Hoy, la esperanza de vida promedio se acerca a los 80 años, y se están desarrollando terapias de edición génica, nanocirugía y medicina de precisión.

Estos avances increíbles deberían darnos confianza y orgullo de lo que hemos conseguido como civilización, y son una muestra patente y tangible de los logros del método científico. Sin embargo, estos desarrollos parecen ser víctimas de su éxito: son tan notables que ya forman parte de nuestra cotidianeidad, y actuamos como si siempre hubieran estado ahí. No solo eso, sino que incluso se suelen ver opacados por los errores (reales, y lamentables) que han ocurrido a lo largo de la historia de la medicina.

Uno de los casos más frecuentemente citados es el de la talidomida, una droga ampliamente recetada para reducir las náuseas en mujeres embarazadas en la década de 1950, que resultó causar gravísimas malformaciones a los recién nacidos. El impacto emocional que genera esta historia es muy grande y suele tener un peso mucho mayor en la heurística que todos los avances y éxitos médicos, que superan claramente a los lamentables errores.

Figura 2. La tragedia de la talidomida: bebés con focomelia, una grave malformación, producida por la ingesta de talidomida durante el embarazo.

Para ponerlo en los términos de Kanheman: siempre tiende a predominar el juicio emocional (sistema 1) por sobre el racional y estadístico (sistema 2). Es por ello que la emoción (el miedo e indignación que producen las imágenes de los niños con malformaciones) supera a la información (la enumeración de los grandes éxitos de la medicina, las estadísticas de mejoría en calidad y esperanza de vida, y el hecho de consumir habitualmente fármacos seguros y efectivos).

Encontramos ejemplos similares mucho más cercanos: la estadística muestra claramente que es mucho (pero mucho) más probable morir en un accidente de tránsito que en uno aéreo, pero eso no impide que mucha más gente tenga miedo de volar que de subirse al auto, el cual no se modifica conociendo las estadísticas. El peso emocional del “¿y si justo me pasa a mí?” es mayor que el frío dato estadístico. En palabras de López Rosetti: no somos seres racionales, somos seres emocionales que razonamos (yo agregaría: “a veces”).

𝐋𝐚 𝐚𝐮𝐭𝐨𝐫𝐢𝐝𝐚𝐝 𝐧𝐨 𝐚𝐝𝐦𝐢𝐭𝐞 𝐯𝐚𝐜𝐢́𝐨𝐬
Un viejo adagio de la política dice: “el poder no admite vacíos”. Esto también se aplica al conocimiento, y a las autoridades que lo poseen y transmiten. Quien tiene el conocimiento tiene el poder de ser escuchado, y su opinión puede influir en la toma de decisiones de otros. Cuando alguien pierde la confianza en las instituciones y expertos establecidos, inevitablemente estas figuras de autoridad son reemplazadas por otras, percibidas como más confiables. A pesar de lo que la gente quisiera creer, no existe el “pensador independiente”, que “hizo su propia investigación” y que no depende de nadie más que de su propio juicio crítico. La propia figura del “librepensador” no es más que un reflejo del profundo narcisismo en el que la sociedad se encuentra sumergida. Nuestro conocimiento se construye integrando el conocimiento de los demás. Es llamativo que la enorme mayoría de las personas que se perciben como “pensadores independientes”, además de no tener educación formal sobre la temática de la que opinan con confianza, suelen repetir dogmáticamente lo que dicen ciertos personajes a los que toman como nuevos referentes. Vaya librepensadores ¿no? Hablemos ahora de estos nuevos referentes.

𝐋𝐨𝐬 𝐧𝐮𝐞𝐯𝐨𝐬 “𝐞𝐱𝐩𝐞𝐫𝐭𝐨𝐬”
En esta era presenciamos el surgimiento de “gurús”, figuras muy carismáticas que se promocionan como “anti-establishment”, posicionándose sistemáticamente en contra de los consensos científicos. Estos personajes suelen ser outsiders académicos, que frecuentemente no tienen educación formal ni experiencia práctica en su supuesta área de expertise (por ejemplo, quiroprácticos o ingenieros dando cursos sobre nutrición). A veces sí cuentan con una formación acorde al área en la que se desarrollan, pero no tienen presencia académica en congresos o publicaciones serias, y su prestigio es escaso o nulo en la comunidad de expertos. Todo esto, paradójicamente, refuerza su aura: su alejamiento de la corrupta comunidad científica es una muestra de su integridad y valentía. Mientras más son criticados, más evidente se hace el esfuerzo de las élites para silenciarlos. Su ausencia de publicaciones y presencia en eventos académicos no es más que otra prueba de la censura.

Es curioso también como muchos de estos gurús venden cursos, planes o suplementos que no cuentan con respaldo de evidencia científica, y jamás son acusados por sus seguidores de tener conflictos de interés.

¿𝐃𝐞 𝐪𝐮𝐢𝐞́𝐧 𝐞𝐬 𝐥𝐚 𝐜𝐮𝐥𝐩𝐚? ¿𝐂𝐨́𝐦𝐨 𝐦𝐞𝐣𝐨𝐫𝐚𝐫?
Seamos claros: echarle toda la culpa a “la gente”, a “Internet” o ahora a la “inteligencia artificial”, no es justo. La realidad es que ni las sociedades científicas ni los expertos se esfuerzan demasiado para ser creíbles (con honrosas excepciones, claro está). El mero hecho de tener un título universitario, o un cargo institucional, hoy no es suficiente. La confianza hay que ganársela, y para ello hay que desarrollar habilidades de comunicación y educar a las personas para desarrollar juicio crítico y pensamiento científico.

Pero no es solo eso. Además, hay que demostrar transparencia e integridad. Ante numerosos escándalos de corrupción y conductas antiéticas de instituciones médicas y farmacéuticas, es lógico que la confianza de las personas haya disminuido. En el campo de la medicina, la injerencia de la industria farmacéutica en la formación de líderes de opinión, que influyen en las tomas de decisiones al participar directamente en la confección de guías de práctica clínica, es inaceptable. En el campo de la nutrición, esto es todavía más escandaloso. Y ni hablar de lo que pasa con la multimillonaria y poco regulada industria de los suplementos…

Si a esto le sumamos la mala comunicación, falta de empatía, y poca relevancia que se le da a la divulgación científica, es lógico que las personas de a pie, ávidas de opiniones confiables y no sesgadas, dirijan su mirada a estos nuevos “expertos”, con los peligros que esto conlleva.

𝐏𝐚𝐫𝐚 𝐬𝐚𝐥𝐢𝐫 𝐝𝐞 𝐞𝐬𝐭𝐞 𝐚𝐭𝐨𝐥𝐥𝐚𝐝𝐞𝐫𝐨, 𝐝𝐞𝐛𝐞𝐦𝐨𝐬 𝐦𝐞𝐣𝐨𝐫𝐚𝐫 𝐧𝐮𝐞𝐬𝐭𝐫𝐚𝐬 𝐡𝐚𝐛𝐢𝐥𝐢𝐝𝐚𝐝𝐞𝐬 𝐝𝐞 𝐜𝐨𝐦𝐮𝐧𝐢𝐜𝐚𝐜𝐢𝐨́𝐧, 𝐞𝐧𝐭𝐫𝐞𝐧𝐚𝐫𝐧𝐨𝐬 𝐞𝐧 𝐩𝐞𝐧𝐬𝐚𝐦𝐢𝐞𝐧𝐭𝐨 𝐜𝐢𝐞𝐧𝐭𝐢́𝐟𝐢𝐜𝐨 𝐲 𝐟𝐨𝐦𝐞𝐧𝐭𝐚𝐫 𝐮𝐧𝐚 𝐜𝐢𝐞𝐧𝐜𝐢𝐚 𝐭𝐫𝐚𝐧𝐬𝐩𝐚𝐫𝐞𝐧𝐭𝐞 𝐲 𝐡𝐨𝐧𝐞𝐬𝐭𝐚.


*Dr. Ariel Kraselnik
Médico cardiólogo, profesor universitario, investigador, conferencista y divulgador sobre salud y nutrición. Es co-director del posgrado universitario: “Nutrición Basada en Plantas. Salud, ética y soberanía alimentaria” de la Facultad de Cs. Médicas, Universidad Nacional de Rosario (FCM-UNR). Forma parte del Consejo de Prevención y Epidemiología de la Sociedad Argentina de Cardiología. Es miembro fundador y actual presidente de la Sociedad Argentina de Medicina de Estilo de Vida (SAMEV). Sitio web: www.krasel.com.ar Instagram: .krasel.

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03/02/2026

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Artículos / Publicado el 27 de enero de 2026
Una patología poco explorada
𝐁𝐫𝐨𝐧𝐪𝐮𝐢𝐞𝐜𝐭𝐚𝐬𝐢𝐚𝐬 𝐞𝐧 𝐩𝐞𝐝𝐢𝐚𝐭𝐫𝐢́𝐚
𝑅𝑒𝑠𝑢𝑚𝑒𝑛 𝑞𝑢𝑒 𝑑𝑒𝑠𝑡𝑎𝑐𝑎 𝑙𝑎 𝑐𝑜𝑚𝑝𝑟𝑒𝑛𝑠𝑖𝑜́𝑛 𝑎𝑐𝑡𝑢𝑎𝑙 𝑦 𝑙𝑎𝑠 𝑒𝑠𝑡𝑟𝑎𝑡𝑒𝑔𝑖𝑎𝑠 𝑑𝑒 𝑚𝑎𝑛𝑒𝑗𝑜 𝑑𝑒 𝑙𝑎 𝑏𝑟𝑜𝑛𝑞𝑢𝑖𝑒𝑐𝑡𝑎𝑠𝑖𝑎 𝑒𝑛 𝑛𝑖𝑛̃𝑜𝑠.

Autores: Laura Garriga-Grimau, Eva Polverino y Antonio Moreno-Galdó
Fuente: BRN Rev. 2025;11(1):3-14 Bronchiectasis in pediatrics

𝑰𝒏𝒕𝒓𝒐𝒅𝒖𝒄𝒄𝒊𝒐́𝒏
La bronquiectasia en niños es una enfermedad respiratoria crónica caracterizada por tos húmeda crónica, inflamación e infección de las vías respiratorias y dilatación bronquial, visible en tomografías computadas (TC) de tórax. Es una enfermedad común, pero poco estudiada, que afecta la salud, calidad de vida y la economía familiar.

𝑭𝒊𝒔𝒊𝒐𝒑𝒂𝒕𝒐𝒍𝒐𝒈𝒊́𝒂
La fisiopatología es compleja, multifactorial, influida por etiologías y factores modificadores específicos de la población o el entorno. La depuración mucociliar deficiente, la infección, la inflamación y el daño de las vías respiratorias interactúan perpetuando y promoviendo la progresión de la enfermedad.

Espectro de tos crónica
La bronquiectasia forma parte de afecciones respiratorias caracterizadas por inflamación crónica, infección bronquial y tos húmeda persistente. En el extremo leve se encuentra la bronquitis bacteriana persistente, con tos húmeda que dura más de 4 semanas sin causa aparente y que resuelve con antibióticos.

Aunque la bronquitis bacteriana persistente es una condición transitoria, si no se trata, puede provocar una infección inflamatoria continua, que eventualmente progresa a enfermedad pulmonar supurativa crónica y en casos más graves, bronquiectasia.

Estas condiciones –bronquitis bacteriana persistente, enfermedad pulmonar supurativa crónica y bronquiectasia– comparten mecanismos patológicos comunes y representan diferentes etapas de gravedad de la enfermedad dentro del mismo espectro.

𝑷𝒆𝒓𝒔𝒑𝒆𝒄𝒕𝒊𝒗𝒂𝒔 𝒓𝒂𝒅𝒊𝒐𝒍𝒐́𝒈𝒊𝒄𝒂𝒔
Ante la sospecha de bronquiectasia pediátrica, se sugiere un índice bronco-arterial (IBA) > 0,8 en lugar del valor de corte para adultos de > 1-1,5. Si bien el valor de corte pediátrico mejora la sensibilidad diagnóstica, puede reducir la especificidad.

Dada la presentación más leve en niños, priorizar la sensibilidad es esencial para minimizar el subdiagnóstico. Otros hallazgos en la TC incluyen la ausencia de adelgazamiento progresivo de los bronquios hacia la periferia que los hace visibles, engrosamiento de la pared bronquial, obstrucción de moco, atenuación de mosaicos y atrapamiento aéreo espiratorio.

La gravedad radiológica se determina mediante la puntuación de Reiff modificada, que evalúa la extensión de la enfermedad clasificando cada uno de los seis lóbulos pulmonares y la morfología de la bronquiectasia según el IBA en cilíndrica (>0,8

29/01/2026
28/01/2026
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23/01/2026

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Artículos / Publicado el 18 de enero de 2026
Asociaciones a considerar
𝐂𝐨𝐧𝐯𝐮𝐥𝐬𝐢𝐨𝐧𝐞𝐬 𝐧𝐞𝐨𝐧𝐚𝐭𝐚𝐥𝐞𝐬 𝐲 𝐩𝐞𝐫𝐟𝐢𝐥𝐞𝐬 𝐝𝐞 𝐧𝐞𝐮𝐫𝐨𝐝𝐞𝐬𝐚𝐫𝐫𝐨𝐥𝐥𝐨 𝐞𝐧 𝐩𝐫𝐞𝐞𝐬𝐜𝐨𝐥𝐚𝐫
𝐿𝑜𝑠 𝑛𝑖𝑛̃𝑜𝑠 𝑐𝑜𝑛 𝑐𝑜𝑛𝑣𝑢𝑙𝑠𝑖𝑜𝑛𝑒𝑠 𝑛𝑒𝑜𝑛𝑎𝑡𝑎𝑙𝑒𝑠 𝑦 𝑒𝑝𝑖𝑙𝑒𝑝𝑠𝑖𝑎 𝑝𝑜𝑠𝑛𝑒𝑜𝑛𝑎𝑡𝑎𝑙 𝑝𝑟𝑒𝑠𝑒𝑛𝑡𝑎𝑛 𝑚𝑎𝑦𝑜𝑟 𝑟𝑖𝑒𝑠𝑔𝑜 𝑑𝑒 𝑑𝑖𝑓𝑖𝑐𝑢𝑙𝑡𝑎𝑑𝑒𝑠 𝑎𝑑𝑎𝑝𝑡𝑎𝑡𝑖𝑣𝑎𝑠, 𝑠𝑜𝑐𝑖𝑎𝑙𝑒𝑠, 𝑒𝑗𝑒𝑐𝑢𝑡𝑖𝑣𝑎𝑠 𝑦 𝑠𝑒𝑛𝑠𝑜𝑟𝑖𝑎𝑙𝑒𝑠 𝑒𝑛 𝑒𝑑𝑎𝑑 𝑝𝑟𝑒𝑒𝑠𝑐𝑜𝑙𝑎𝑟.

Autor/a: Allyssa M. Mattes, Renee A. Shellhaas, Hannah C. Glass, Julie Sturza, Stephanie Rau, Monica Lemmon y otros.
Fuente: Pediatric Neurology 163 (2025) 76e81. Neonatal Seizures and Associated Neurobehavioral Profiles in Preschool Age Children

𝑰𝒏𝒕𝒓𝒐𝒅𝒖𝒄𝒄𝒊𝒐́𝒏
El riesgo de convulsiones es mayor durante la primera semana después del nacimiento y se mantiene alto durante todo el período neonatal. Las convulsiones neonatales se definen como aquellas que ocurren dentro de las primeras cuatro semanas después del parto en los niños nacidos a término y hasta las 44 semanas de edad posmenstrual en los niños prematuros, con una incidencia de entre 1,6 y 5 por cada 1000 nacidos vivos.

Las convulsiones neonatales a menudo reflejan una patología cerebral subyacente asociada o causada por otras afecciones perinatales y neonatales complejas.

La causa más común es la encefalopatía hipóxico-isquémica, seguida de la hemorragia intracraneal y el accidente cerebrovascular isquémico. Aunque las convulsiones neonatales agudas provocadas se resuelven, algunos sobrevivientes desarrollan convulsiones recurrentes no provocadas (epilepsia posneonatal).

Estudios en neonatos indican un mayor riesgo de trastorno del espectro autista entre los bebés que experimentaron asfixia al nacer, una etiología subyacente común para las convulsiones neonatales. El estudio directo de las asociaciones entre las convulsiones neonatales y el comportamiento infantil ha sido limitado.

Las convulsiones neonatales, independientemente de la etiología subyacente, pueden servir como un factor de riesgo temprano unificador para el desarrollo de patrones de conducta desadaptativos. Si bien los patrones específicos de conducta pueden depender del síndrome de epilepsia posneonatal o de patrones particulares de lesión cerebral, los temas generales incluyen problemas de atención, competencia social y conductas tanto internalizantes como externalizantes en niños en edad escolar. En niños con epilepsia, la edad temprana de inicio de las convulsiones se asocia con mayores desafíos sociales, según la evaluación de los padres.

𝑴𝒆́𝒕𝒐𝒅𝒐𝒔
Los participantes fueron neonatos (N=151) con convulsiones agudas provocadas, nacidos entre julio de 2015 y marzo de 2018, y que fueron reinscriptos en nueve centros del Registro de Convulsiones Neonatales a la edad preescolar (de tres a cinco años), con una mediana de edad de 4,1 años.

Los niños fueron excluidos del estudio si no sobrevivían al ingreso neonatal, si presentaban una causa transitoria de convulsiones (hipoglucemia leve, hiponatremia, hipocalcemia con neuroimagen normal), si presentaban síndromes epilépticos de inicio neonatal o si presentaban riesgo de presentar convulsiones independientes y lesión cerebral subyacente (incluidos, entre otros, errores innatos del metabolismo, infección fetal y malformación cerebral).

Aproximadamente, el 13 % (n=20) de los niños participantes fueron diagnosticados con epilepsia posneonatal a los 24 meses de edad. La epilepsia posneonatal se definió según los criterios de la Liga Internacional contra la Epilepsia de 2014: (1) al menos dos convulsiones no provocadas con más de 24 horas de diferencia; (2) una convulsión no provocada y una probabilidad de nuevas convulsiones similar al riesgo de recurrencia (al menos 60 %) después de dos convulsiones no provocadas, que ocurran en los siguientes 10 años; o (3) diagnóstico de un síndrome epiléptico después de las 44 semanas de edad posmenstrual.

Las habilidades adaptativas se evaluaron mediante la Escala de comportamiento adaptativo de Vineland, 3ª edición, (VABS-3). La VABS-3 consta de 502 preguntas en escala Likert y produce las siguientes puntuaciones compuestas de dominio: Comunicación, Habilidades de la Vida Diaria, Socialización, Habilidades Motoras y Conducta Desadaptativa.

El funcionamiento emocional se evaluó mediante el formulario para padres del Sistema de Evaluación de la Conducta para Niños, 3ª edición, preescolar (BASC-3). El BASC-3 consta de 139 preguntas en escala Likert que producen las siguientes puntuaciones compuestas de los dominios: Problemas de Internalización, Problemas de Externalización, Habilidades Adaptativas y Síntomas Conductuales.

El funcionamiento ejecutivo emergente se evaluó mediante el formulario de informe para padres del Inventario de Calificación del Comportamiento de la Función Ejecutiva, versión preescolar (BRIEF-P). Este formulario consta de 63 preguntas en escala Likert que generan las siguientes puntuaciones de dominio: Inhibición, Cambio, Control emocional, Memoria de trabajo y Planificar/Organizar.

El funcionamiento social se evaluó mediante el formulario de informe para padres de la Escala de Respuesta Social, 2ª edición (SRS-2). Este formulario consta de 65 preguntas en escala Likert que generan las siguientes puntuaciones de dominio: Conciencia Social, Cognición Social, Comunicación Social, Motivación Social y Conductas Restringidas y Repetitivas.

El procesamiento sensorial se evaluó mediante el formulario de informe para padres del Perfil Sensorial, 2ª edición (SP-2). Este formulario consta de 86 preguntas en escala Likert que generan las siguientes puntuaciones: Búsqueda/Buscador, Evitación/Evitador, Sensibilidad/Sensor y Registro/Espectador.

𝑹𝒆𝒔𝒖𝒍𝒕𝒂𝒅𝒐𝒔
Se inscribió a un total de 151 niños. Los niños con epilepsia posneonatal (n=20) no difirieron de aquellos sin epilepsia (n=131) en cuanto a s**o, estado de parto prematuro, edad al reingreso o etiología de las convulsiones neonatales. Hubo una mayor prevalencia de PC entre los niños con epilepsia en comparación con los participantes sin epilepsia (80 % frente a 20 %).

Las puntuaciones conductuales medias de los niños sin epilepsia se mantuvieron, en promedio, dentro de los límites normales en todos los dominios. Por el contrario, entre los niños con epilepsia, la media del funcionamiento adaptativo se situó dentro del rango de deterioro y fue significativamente inferior a la de los niños sin epilepsia. Entre los niños con epilepsia, la media de las habilidades adaptativas se situó más de 2 DE por debajo de la media normativa ajustada por edad, que se encuentra en el rango de significativamente deteriorado.

En otras medidas neuroconductuales, aunque el funcionamiento social se encontraba en el rango promedio para ambos grupos, los niños con epilepsia obtuvieron puntuaciones significativamente peores en la SRS-2 que aquellos sin epilepsia y tuvieron mayor probabilidad de obtener puntuaciones en el rango de "riesgo" o "clínicamente significativo" (54 % de los niños con epilepsia en comparación con el 21 % de los niños sin epilepsia).

De manera similar, se observó una tendencia hacia peores puntuaciones en el BRIEF-P Global Executive Composite y un mayor porcentaje de niños con epilepsia presentó puntuaciones "de riesgo" o "clínicamente significativas" (54 % con epilepsia frente a 31 % sin epilepsia), lo que sugiere una posible peor función ejecutiva (es decir, autorregulación). En cuanto al procesamiento sensorial, se observó una mayor variabilidad en ciertos tipos de procesamiento en niños con epilepsia, con un efecto significativo del procesamiento de Registro/Espectador y una tendencia hacia un efecto del procesamiento de Evitación/Evitador.

Este hallazgo sugiere que los niños con epilepsia tienen mayor probabilidad de procesar cierta información sensorial de forma diferente (es decir, en los extremos), en comparación con aquellos sin epilepsia. No se observaron diferencias significativas entre niños con o sin epilepsia en cuanto al funcionamiento emocional.

Las diferencias entre niños con y sin epilepsia fueron similares tras ajustar por etiología de las convulsiones, s**o, parto prematuro y edad en el momento de la prueba. Sin embargo, tras ajustar el modelo para incluir la gravedad de la PC, según las puntuaciones de la GMFCS, observaron que, en los niños con PC, existía una diferencia significativa en la GMFCS en los grupos con epilepsia frente a los que no la presentaban.

Los niños con epilepsia obtuvieron puntuaciones más altas en la GMFCS. Una GMFCS más alta se asoció con un peor funcionamiento adaptativo, pero los resultados también sugieren que la epilepsia es un predictor independiente del funcionamiento adaptativo más allá de la gravedad de la PC.

𝑫𝒊𝒔𝒄𝒖𝒔𝒊𝒐́𝒏
En este estudio, los niños en edad preescolar que desarrollaron epilepsia posneonatal tras sobrevivir a convulsiones neonatales agudas provocadas presentaron riesgo de presentar resultados adversos en el funcionamiento adaptativo, social y ejecutivo. Estos hallazgos respaldan la hipótesis de que el diagnóstico de epilepsia posneonatal en los supervivientes de convulsiones neonatales se asocia con un mayor riesgo de resultados adversos que el simple antecedente de convulsiones neonatales agudas provocadas.

Los niños en edad preescolar con epilepsia posneonatal mostraron dificultades, evaluadas por los padres, en varios dominios, en particular en el funcionamiento adaptativo y social, así como en el funcionamiento ejecutivo emergente/autorregulación y en aspectos del procesamiento sensorial. El funcionamiento en otros dominios se mantuvo dentro de las expectativas según la edad y no mostró diferencias significativas entre niños con o sin epilepsia en estos niños en edad preescolar.

El funcionamiento adaptativo se situó, en promedio, dentro del rango de deterioro en el grupo de epilepsia posneonatal, mientras que otros dominios conductuales medidos se situaron, en promedio, dentro del rango de desarrollo típico. Este hallazgo se debió, en gran medida, a la gravedad de la parálisis cerebral, ya que una mayor proporción de niños con epilepsia posnatal también presentaban un deterioro motor más grave por parálisis cerebral (es decir, mayor GMFCS). Esto concuerda con investigaciones previas.

Los problemas neuroconductuales son un desafío significativo en los niños con epilepsias de inicio temprano y contribuyen a un efecto negativo en la calidad de vida, más allá de las convulsiones en sí. Un estudio reciente en preescolares encontró significativamente más problemas neuroconductuales en niños con epilepsia de inicio temprano en comparación con controles de la misma edad. Casi dos tercios de los niños con epilepsia de inicio temprano presentaron un problema de conducta en al menos un dominio (es decir, adaptativo, funcionamiento ejecutivo, internalizante, externalizante, social y riesgo de autismo), y muchos mostraron deficiencias en múltiples dominios.

De forma similar a los hallazgos de los autores, la conducta adaptativa y el funcionamiento social se vieron afectados en los preescolares con epilepsia de inicio temprano. A diferencia de los hallazgos de los autores, el estudio también reveló una preocupación notable por las conductas internalizantes, como el retraimiento o la ansiedad, que no se presentaron en esta cohorte. También se ha observado un aumento de los problemas neuroconductuales en niños en edad escolar con epilepsia, lo que sugiere que estas deficiencias persisten y pueden hacerse más evidentes con la edad.

Dado el alto riesgo de comportamiento y desarrollo anormales entre los participantes del estudio con epilepsia posneonatal, los hallazgos respaldan la necesidad de detección e intervención tempranas para todos los niños con antecedentes de convulsiones neonatales, en particular para aquellos con epilepsia posneonatal posterior y aquellos con parálisis cerebral coexistente. Este estudio respalda la importancia de evaluar las alteraciones neuroconductuales en esta población antes de comenzar la escuela, especialmente en niños que desarrollan epilepsia posneonatal.

𝑪𝒐𝒏𝒄𝒍𝒖𝒔𝒊𝒐́𝒏
En esta cohorte multicéntrica de niños que sobrevivieron a convulsiones neonatales provocadas, aquellos que desarrollaron epilepsia a los 24 meses de edad corregida y que presentaron una parálisis cerebral más grave mostraron una mayor incidencia de resultados neuroconductuales adversos en la edad preescolar, en comparación con aquellos que no desarrollaron epilepsia ni parálisis cerebral (o que presentaron una parálisis cerebral menos grave).

Identificar a los niños en riesgo de presentar dificultades con la función ejecutiva, la función adaptativa y la socialización es clave para optimizar el apoyo al desarrollo, especialmente a medida que los niños se gradúan de los programas de intervención temprana e ingresan a la educación formal.

𝑪𝒐𝒎𝒆𝒏𝒕𝒂𝒓𝒊𝒐
El presente estudio demuestra que los niños con antecedentes de convulsiones neonatales que desarrollan epilepsia posneonatal presentan mayor riesgo de alteraciones en el funcionamiento adaptativo, social y ejecutivo, así como diferencias en el procesamiento sensorial. Estos hallazgos resaltan la importancia de la detección temprana e intervenciones dirigidas para mejorar el neurodesarrollo y la preparación escolar en preescolares.

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