08/03/2026
Trump acaba de ejecutar una acción que ningún otro líder se había atrevido a llevar a cabo, y el mundo entero solo ha podido observar sin intervenir. En un plazo inferior a cien horas, las fuerzas estadounidenses destruyeron más de dos mil blancos en territorio iraní, acabaron con la vida del líder supremo Jamenei y liquidaron por completo su arsenal de misiles, mientras que ni Rusia ni China fueron capaces de hacer absolutamente nada al respecto.
Putin reaccionó calificando la operación de acto de agresión y Xi Jinping exigió un cese inmediato de las hostilidades, pero ambas respuestas se quedaron en eso: declaraciones, comunicados oficiales y sesiones en Naciones Unidas que no produjeron ningún resultado concreto. El propio secretario de Defensa Hegseth lo expresó sin rodeos ante la comunidad internacional: ni Rusia ni China constituyen un factor determinante en este conflicto, y no tiene ningún mensaje que transmitirles. Y esa afirmación se sostiene sobre hechos concretos.
Rusia mantiene un acuerdo de carácter militar con Irán, pero dicho pacto no contempla ninguna obligación de defensa mutua. Es un documento sin peso real. Además, Moscú lleva cerca de cuatro años atascado en el conflicto ucraniano con unas fuerzas armadas que han quedado muy lejos del poderío que ostentaban en la era soviética. Su capacidad para desplegar fuerza militar fuera de sus propias fronteras es prácticamente inexistente, y nadie en el mundo lo ignora.
El caso de China no es muy diferente. Pekín suscribió con Teherán un acuerdo de cooperación a veinticinco años y tiene comprometidos miles de millones de dólares en infraestructuras portuarias iraníes, pero tampoco adoptó ninguna medida concreta. Y es que una cosa es construir portaaviones y una muy distinta es enfrentarse a la armada y la aviación más poderosas y letales del planeta. La dirigencia china es consciente de que, en este momento, no dispone de los medios necesarios para hacerlo. Quizás en el futuro, quizás en una década, eso cambie, pero hoy Pekín solo puede emitir condenas, llamar al diálogo y contemplar desde la distancia cómo Washington desmantela por completo la infraestructura militar de uno de sus principales aliados estratégicos.
Irán respondió lanzando más de quinientos misiles balísticos y aproximadamente dos mil drones, y aun así sus capacidades operativas se redujeron en un ochenta y seis por ciento durante las primeras horas del conflicto. Esa cifra ilustra con precisión la magnitud de la brecha de poder existente. La conclusión es incómoda para muchos, pero no por eso deja de ser real: el modelo de mundo multipolar que Rusia y China llevan años promoviendo se desmorona cada vez que Estados Unidos toma la decisión de intervenir con todo su potencial.