07/06/2023
Escuchemos la voz de los niños Autistas !!!
Autismo y terapias alternativas.
Hablar de mi niñez es difícil. Sin embargo, recientemente he notado un gran aumento en las consultas sobre tratamientos potencialmente peligrosos en el grupo local sobre autismo que administro, y sentí que era hora de compartir un poco sobre mi propia experiencia.
Me diagnosticaron autista cuando tenía alrededor de 7 años. Para mis padres, como para muchos, esto fue un golpe duro. En primer lugar, porque ya me consideraban una persona difícil de amar, y el estigma hacia el autismo en ese entonces era aún mayor que el que existe hoy en día. En segundo lugar, porque para ellos, esto significaba que si me etiquetaban como autista y otros lo sabían, "me iban a quitar las pocas oportunidades que tenía de ser amada". Obviamente, no supe nada de esto hasta hace algunos años, cuando mi hija fue diagnosticada y logré que mi madre rompiera su silencio al respecto. Esa frase siempre quedará conmigo.
Desesperada por "curarme" del autismo, mi madre se sumergió de lleno en el mundo de las terapias "alternativas". Crecí tomando remedios tras remedios, asistiendo a innumerables terapias. Ella intentó de todo, excepto aceptarme tal y como soy: una persona autista.
Ninguna de estas terapias funcionó. Y vaya que probé muchas: orinoterapia, Reiki, regresión de vidas pasadas, cartas de ángeles, numerología, propioceptores, cámaras hiperbáricas, omega 3, aceite de pescado, dietas, homeopatía, flores de Bach, reflexología, limpiezas colónicas, desparasitantes, vitamina B, luz universal, temazcales, constelaciones familiares, aceites esenciales, desintoxicación de metales pesados, masajes, factor de transferencia, terapia con imanes, terapia biomagnética... sin mencionar los golpes, los regaños, los gritos, las reglas intransigentes, las amenazas de internarme en un psiquiátrico, la falta de respeto hacia mis sensibilidades y deseos, la falta de privacidad y el exceso de control. Todo esto en pos de "curarme".
No recuerdo muchos detalles, ya que pasé la mayor parte de mi infancia en un estado severo de disociación debido a todo esto. Las personas que se suponía debían protegerme, me torturaban. Y sé lo que están pensando, "espera, pero lo hacían 'por tu bien', era 'para ayudarte a ti'". Y sí, toda mi vida crecí pensando que había algo fundamentalmente mal en mí, porque sin importar mis esfuerzos y todo lo que tratara de soportar o permitiera que me hicieran, ellos seguían intentando arreglarme, repararme. Siempre buscando la última medicina milagrosa para hacerme "normal". Para que finalmente "dejara los berrinches y me portara bien". Para que dejara de parecer autista. Sin siquiera decirme qué era lo que estaba mal en mí. Durante años, absorbí en mi subconsciente la idea de que estaban dispuestos a someterme a cualquier procedimiento, por más doloroso, caro, asqueroso o humillante que fuera, con tal de arreglarme.
A los doce años empece a auto-lesionarme y con ideación suicida. Hasta el día de hoy me es difícil amarme a mi misma.
Y mira, no es que yo esté en contra de la medicación para autistas. De hecho, soy una autista que toma medicación, y es parte de lo que me ayuda a controlarme. Lo que estoy en contra es de probar y hacer TODO, incluso si es ilegal, como el CBD, o si no está aprobado ni regulado por organismos competentes, como la COFEPRIS, y sin la supervisión de un médico. Incluso con las medicinas que tienen todas las aprobaciones, hay efectos secundarios y se debe evaluar si realmente la calidad de vida de la persona que la tomará mejorará lo suficiente como para que valga la pena los posibles efectos en el cuerpo. Ahora, con las que no están reguladas, aprobadas o de las cuales no se conoce su eficacia y efectos a largo plazo, ¿por qué estás tan desesperado por dárselas a tu hijo? ¿Cuál es el mensaje que quieres que él entienda y asimile? ¿Realmente vale la pena arriesgarte y poner en peligro la salud de tu hijo?
En la imagen: Mi yo de 7 años
💙