24/04/2026
Además la celebración de un jugador de fútbol al marcar su gol, se desliza de rodillas sobre el gras y esa fricción después les pasará factura.
No siempre hace falta un golpe fuerte para lesionarse la rodilla.
En muchos casos, todo ocurre en segundos: un salto, un giro o una frenada… y la rodilla pierde su alineación.
El ligamento cruzado anterior (LCA) es una estructura clave que mantiene la estabilidad de la rodilla, evitando que la tibia se desplace hacia adelante y controlando los movimientos de giro.
La lesión aparece con frecuencia cuando se combina un patrón específico: la rodilla colapsa hacia adentro, el pie queda apoyado y el cuerpo gira.
A esto se le conoce como “valgo dinámico”.
En ese momento, el muslo se acerca hacia el centro, la rodilla se abre de forma anormal y el tobillo rota, generando una carga que el ligamento no logra compensar.
Esa combinación de fuerzas puede sobrecargar el LCA en cuestión de milisegundos.
Por eso es una lesión frecuente en deportes con cambios de dirección, saltos o movimientos explosivos como fútbol, baloncesto o voleibol.
Muchas personas describen una sensación de “pop”, seguida de dolor e inflamación rápida.
Pero más allá del momento de la lesión, lo importante es entender que este tipo de patrón no suele ser casual.
Factores como debilidad muscular, falta de control neuromuscular, fatiga o técnica deficiente pueden favorecer que la rodilla adopte esa posición de riesgo.
La prevención no se basa solo en evitar el movimiento, sino en aprender a controlarlo.
Ejercicios de fuerza en glúteos y piernas, entrenamiento de estabilidad, técnica de aterrizaje y control del movimiento pueden ayudar a reducir el riesgo.
Si aparece dolor, inestabilidad o dificultad para apoyar después de un evento así, es recomendable una valoración profesional.