22/11/2025
🔴 Recientes investigaciones han despertado interés científico al observar que muchos niños con autismo, TDAH y anorexia experimentan cambios en las comunidades de microorganismos que viven en su intestino, conocidas como microbiota intestinal. Un estudio sugiere que esta conexión entre el intestino y el cerebro influye de manera constante en el comportamiento y la salud mental.
Estos cambios, que los expertos llaman “desequilibrios microbianos” o disbiosis, podrían afectar procesos esenciales como la digestión, la regulación del apetito y, posiblemente, el estado emocional. Un hallazgo significativo es que existe un patrón repetitivo de desequilibrio que se manifiesta en los tres trastornos, lo que abre nuevas preguntas sobre cómo el intestino podría influir en el bienestar psicológico y la conducta.
De acuerdo con el estudio, los niños con autismo, TDAH y anorexia comparten un aumento de ciertas bacterias, como Bacteroidetes y Escherichia, a la vez que presentan una reducción de bacterias consideradas beneficiosas, como Bifidobacterium. Este patrón común también incluye la disminución de bacterias que producen sustancias antiinflamatorias que son esenciales para la salud intestinal. Estas alteraciones en el balance microbiano podrían afectar las señales químicas que se dirigen hacia el cerebro.
En el caso de los niños con autismo, se ha descrito que la microbiota alterada se caracteriza por tener menos variedad de microorganismos, lo que hace que el ecosistema intestinal sea menos estable. Esto podría facilitar la aparición de molestias gastrointestinales y contribuir a las conductas alimentarias selectivas. Por ejemplo, se identificó un aumento de bacterias Escherichia/Shigella y una reducción de bacterias que promueven un estado intestinal saludable, como Actinobacteriota y Ruminococcus.
En los niños con TDAH, los investigadores también encontraron un desequilibrio con niveles más altos de Escherichia, un patrón que se repite en el autismo. Además, se registró una reducción en las bacterias del grupo Firmicutes, importantes para mantener la estabilidad intestinal, y una disminución de Faecalibacterium, conocida por su rol antiinflamatorio. Este desequilibrio podría influir en hormonas y neurotransmisores que regulan la atención y la impulsividad.
En cuanto a las niñas con anorexia nerviosa, el estudio reportó un perfil microbiano que incluye una marcada caída de bacterias Firmicutes y un aumento de Proteobacteria, Cyanobacteria y Verrucomicrobiota. Este tipo de microbiota alterada podría afectar la regulación del apetito, especialmente porque algunas de estas bacterias están asociadas con la producción de hormonas clave de la saciedad, como PYY, leptina y ghrelina. Se observó que las niñas con anorexia presentaban niveles bajos de estas tres hormonas, lo que puede intensificar la restricción de alimentos y agravar el trastorno.
En general, estos hallazgos refuerzan la idea de que el intestino y el cerebro están profundamente conectados. Los resultados de la investigación demuestran que los niños con autismo, TDAH y anorexia comparten un patrón común de desequilibrio intestinal que podría influir en su desarrollo conductual y emocional. Aunque aún queda mucho por descubrir, esta evidencia abre la puerta a nuevas estrategias terapéuticas que consideren la salud del intestino como un componente clave del bienestar psicológico.
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