12/03/2022
1. No te vayas ni amenaces al niñ@ con dejarlo solo.
“Me voy”, “te dejo aquí solito” “te van a llevar si te sigues portando así” son mensajes que en ocasiones se suele emplear, que a corto plazo funciona PARA EL ADULTO; sin embargo, a nivel emocional a largo plazo para el niño NO. Interiorizando y mandando la premisa que - quedarse “solo” es peligroso y necesitamos del otro en todo momento-.
De adulto se traduce: “Queremos estar con el otro porque no sabemos cómo es estar solo”
2. No le hagas pasar vergüenza
Evitemos mandar mensajes que humillen o hagan sentir vergüenza al menor. Para educar no necesitamos humillar, necesitamos validar su emoción, acompañar al niño y luego corregir. El orden es: ACOMPAÑO Y LUEGO CORRIJO, no al revés.
3. No le grites ni pierdas los papeles.
Ser esa calma que ellos necesitan en ese momento porque están desregulados. Para lo cual nosotros también tenemos que saber regularlos y manejar esos eventos. No siempre vamos a estar con la paciencia a 100%, pero si nos damos cuenta que nos cuesta mucho acompañar al otro, entonces es necesario comenzar a buscar herramientas que nos permita volver a la calma. Busquemos, indaguemos y preguntémonos “¿cómo está mi niño interno? ¿Cómo me contuvieron a mi? ¿Qué tipo de vínculo quiero generar con mi hijo? ¿He podido identificar las heridas de mi infancia?
4. No intentes contenerlo sujetándolo
La fuerza no es una buena aliada para estos caso. Es importante observar y ver qué es lo que le ayuda a mi hijo calmarse. Tener su espacio, llorar, un abrazo, una caricia, estar a su lado.
Eso si, estar vigilante para evitar que golpee a otros o se golpee, por lo cual es importante mencionar lo que se va hacer, ya que es su cuerpo. “Te voy a cargar” “voy a cogerte del brazo”, etc.