02/10/2025
☕✨ 1 de Octubre: Día del Café en el Perú: una celebración con aroma de historia y de vida ✨☕
Hoy celebramos el Día del Café en el Perú y no puedo dejar de pensar en lo mucho que significa esta bebida para nuestra cultura… y para mí. El café peruano no solo es un producto que nos conecta con nuestras selvas y agricultores, también es un motor económico, parte del boom gastronómico y, sobre todo, un puente entre personas.
En Lima, las cafeterías han crecido como nunca. Son mucho más que un lugar para “tomar algo”: son espacios donde nacen proyectos, amistades, ideas y hasta amores. En mi querido Barranco, las cafeterías son como pequeñas islas de inspiración: ahí conviven artistas, vecinos, viajeros y soñadores que encuentran en una taza caliente el pretexto perfecto para conversar y compartir.
El café, en mi vida, tiene un sabor entrañable. Viene de mi mamá, Faviola, que partió hace ocho años. Ella siempre me decía: “yo soy muy sencilla de complacer”. Y era verdad: bastaba invitarla un café y ofrecerle una buena conversación para hacerla feliz. Desde entonces, para mí, cada taza guarda un eco de su voz y un abrazo invisible que me acompaña.
Hoy comparto tres fotos muy especiales de mi archivo personal. Una del Caffè Florian, en Venecia, abierto en 1720, el más antiguo que sigue funcionando en el mundo, donde alguna vez se sentaron escritores, músicos y soñadores. Otra del Caffè Gilli en Florencia, un clásico fundado en 1733, testigo de siglos de cultura italiana. Y la última, sencilla pero poderosa: una taza de café, como la que cualquiera de nosotros puede tener en la mesa de su casa o en la esquina de nuestro barrio.
Porque al final, el café es eso: una mezcla de historia y cotidianidad. Ciencia (con sus antioxidantes y beneficios que tanto estudiamos los nutricionistas), cultura (porque está en la raíz de nuestras tradiciones) y alma (porque en cada sorbo hay un recuerdo, un afecto, un instante que nos une).
Hoy levanto mi taza por el café peruano, por las cafeterías que florecen en Lima y, en especial, en mi Barranco, y por todas las Faviolas que, como mi madre, encuentran en una taza sencilla la forma más hermosa de recibir cariño.