02/11/2025
✨ Los hijos tienen un poder mágico: el de transformarnos, el de abrirnos los ojos y despertar en nuestro interior una capacidad de amor y sacrificio que ni siquiera sabíamos que existía. Pero, lamentablemente, no todos entienden esa magia.
Hay quienes se convierten en padres, pero siguen siendo los mismos egoístas de siempre, aferrados a sus errores, a sus mañas y a sus excusas. Y entonces, un hijo llega a sus vidas para confrontarlos, para hacerlos mirar en su espejo y reconocer sus sombras. Porque un hijo no solo trae alegría, también trae la verdad desnuda, la oportunidad de crecer.
El verdadero amor por un hijo se demuestra en acciones, no en palabras ni en fotos en redes sociales. Se demuestra en la valentía de cambiar, en la voluntad de dejar atrás lo que nos destruye, en la decisión de ser mejores por ellos, por ese ser tan vulnerable y puro que confía en nosotros cada día.
Y si después de tener un hijo, seguimos igual, con las mismas mañas, los mismos vicios, las mismas excusas… entonces no es que la vida no nos haya dado la oportunidad de mejorar. Es que, en el fondo, quizás no amamos lo suficiente.
Porque un hijo no necesita un padre o una madre perfectos, necesita uno que tenga el coraje de transformarse, de crecer, de dejar atrás lo que le impide ser un ejemplo de amor y sacrificio.
🩵 Porque al final, el mayor regalo que podemos darle a nuestros hijos es convertirnos en la mejor versión de nosotros mismos, por ellos, y por un amor que todo lo puede transformar.