25/11/2025
En tiempos dinde algunas leyes intentan borrar la palabra género, también intentan borrar lo que esa palabra nombra: desigualdades históricas, violencias silenciadas, vidas que han sido puestas en riesgo por el simple hecho de ser mujeres.
Pero borrar una palabra no borra la realidad.
No borra las cifras.
No borra las historias que muchas cargan en silencio.
Solo vuelve más difícil nombrar aquello que necesitamos transformar.
Este 25 de noviembre no es una fecha simbólica: es un recordatorio urgente.
Estamos viviendo un momento donde el conservadurismo avanza disfrazado de neutralidad, donde se quiere diluir lo incómodo en un lenguaje supuestamente “más simple”, aunque esa simplificación nos cueste vidas.
Hablar de género no divide.
Lo que divide es negar la violencia.
Lo que divide es hacer como si no existiera.
Lo que divide es exigir silencio cuando lo que hace falta es prevención, educación y políticas reales de protección.
La prevención no nace de censurar palabras.
Nace de reconocer lo que sucede, de mirar sin miedo, de construir espacios seguros, de escuchar a quienes han vivido violencia y creerles.
Nace de educar para la igualdad, desde la niñez hasta la vida adulta.
Nace de asumir que lo personal siempre ha sido político.
En este país, en este momento histórico, elegir hablar claro es un acto de responsabilidad.
Nombrar el género es nombrar la realidad.
Nombrarlo es defender el derecho de todas a vivir sin violencia.
Porque prevenir también es cuidar el futuro.
Y el futuro no se construye borrando palabras, sino garantizando derechos.