08/08/2022
No deja de sorprenderme la facilidad con la que se analiza la “Industria de la Protección” en Latinoamérica, primero No somos una industria, somos un grupo de personas que nos dedicamos a la Protección Humana, sean ejecutivos, empresarios de éxito, figuras artísticas y de todo aquel que necesite preservar su integridad de ataques violentos.
Somos también un rubro que no está profesionalizado, ser un Resguardo, Escolta, Guardaespaldas u otros sinónimos, reflejan solo el desempeño de una actividad y no de una profesión, como puede ser un Médico, Abogado, Arquitecto.
Pertenecemos a un círculo colonizado por instructores, empresas, destructores, que arribaron por nuestro hemisferio en la década de los 80, 90, departiendo técnicas cinematográficas, cuya consecuencia fue gestar y alumbrar EGOS de aquellos que fueron parte de sus entrenamientos, para posteriormente “edificar” sus propias “iglesias”, cuya doctrina, sería la verdad absoluta y cual Quijote De La Mancha sus peores enemigos serian solo molinos de viento.
Podemos analizar la génesis de los ataques a nivel mundial de personalidades y llegaremos siempre a la misma conclusión, los mu***os son de entera responsabilidad de sus protectores, sea por negligencia, inacción, ineficiencia, ineficacia y por el exitoso trabajo de su o sus agresores de turno.
Los buenos, hemos demorado en aprender de nuestros propios errores, nos ha sido difícil comprender que las experiencias, hablan más que un millón de libros y que proteger no es sinónimo de trajes oscuros, lentes, auriculares de comunicación y obvio las armas de juego, perdón de fuego.
Muchos conversatorios internacionales sobre el tema, pero poca sustancia, nada de esas conclusiones, conocimientos, llega al hombre que realiza el trabajo día a día, ellos son los que personifican la crítica punitiva y destructiva, frente a cualquier mínimo error.
Latinoamérica es bastante particular, donde los “especialistas”, reunidos en humeantes tazas de café, construyen un perfil del recurso humano operativo, totalmente antagónico a la realidad, si hubiese menos necesidad de figurar y premiarse con certificaciones, serían conscientes de las falencias que existen en el personal que pone el pecho y sin querer sus vidas.
En este rubro hay exceso de “generales”, cuando lo que necesitamos son profesionales solidarios, ajenos al egocentrismo, capaces de formar, educar, orientar, gestar vocaciones y profesionalizar a todo aquel que por convicción y no necesidad, quieran formar parte de la filas de la Protección.
Preservar la vida de un ser humano, exige un solo requisito: SER HUMANO.
Manuel Reyna Maurial.