04/05/2021
EL MENSAJE DE UN CHIQUITÍN
Riiiiiing el tañido de un viejo reloj despertador llega a mis oídos, un fuerte bostezo aunado a un enérgico apretón de párpados y a una poderosa estirada de brazos, me anuncian que mi descanso ha terminado; abro los ojos y busco inmediatamente el aparato chirriador logrando interrumpir su sonido, luego un salto felino de mi pequeña tarima al piso, unos cuantos ejercicios y una entrada rápida a la ducha; el agua está fría pero con algunos gritos desentonados logro resistir la frigidez y sentirme relajado, seguidamente me seco con una desgastada toalla, cepillo mi bella dentadura y salgo nuevamente al dormitorio; es un día trascendental y hay que ponerse simpático, recurro a mi inmensurable vestuario, donde entre tres camisas añejas y dos pantalones a medio uso, sobresale mi veinte único traje semi-arcaico pero presentable; es el terno que utilicé el día de mi graduación como maestro y desde hace dos años me adorna en todos los eventos importantes que hay que asistir, se que los padres de familia y alumnos creen que he perdido las maletas, pero lo cierto es que el sueldito no da para más, de mis zapatos ni que decir hay que untarlos con vela y frotarlos para que salgan brillo; ya estoy vestido y me acerco a mi quebrantado espejo para darme los últimos toques, mi juventud hace sentirme orgulloso y confiado, me digo para mí: muchacho guapo, soltero, profesional y aunque con un sueldo lastimero me puedo mantener y tocándome la barbilla con mi puño, recuerdo que ahora Segundo Domingo del mes de Mayo conmemoramos con veneración a nuestra progenitora pasión sublime y guía de nuestra vida; luego recojo mi pañuelo, las llaves y unas monedas de una deslucida mesa y haciéndome la señal de la cruz, salgo al exterior; camino por el amplio corredor y me encuentro con la dueña de casa, quien viste reluciente y juvenil, resaltando en su busto izquierdo una rosa roja, evidenciando tener su mamacita viva; la saludo y abrazo efusivamente por su día, ella me agradece y muy atentamente me hace pasar al comedor, donde tomo asiento en mi lugar de siempre; mientras espero que me atienda, ingresan correteando sus tres menores hijos quienes lucen muy limpios y bien peinados mostrando también en sus pechos el distintivo rojo; todos se acercan y me saludan, el más pequeño me enseña muy orondo su flor, diciéndome en su no claro lenguaje: es mamá, los otros dos tratando de corregirlo agregan más palabras; en ese momento llega la doña trayendo una bandeja con el desayuno, llamando la atención a sus retoños para que me dejen tranquilo, enviándolos al patio; mientras coloca los comestibles en la mesa, muy acongojada me consuela expresándome nuevamente sus condolencias por el fallecimiento de mi progenitora acaecida recientemente, comentándome además las bondades e importancia que tiene la madre en la vida de una persona, luego invitándome a servirme se retira. En tanto voy degustando mis alimentos empiezo a evocar el nefasto suceso al cual se ha referido la dueña de la pensión; hace quince días viajé a la capital para estar presente en el sepelio de la venerable persona que me crió, de la honorable señora que me entregó cariño, amor y dulzura con toda devoción, de aquella angelical dama que detenté e hice conocer a todos como mi madre; ella antes de morir me había dejado un sobre lacrado el cual recibí después del sepelio, ahí hallé su última carta dirigida hacia mí, me pedía que la perdonara, por tener que decirme recién la verdad, “ella no era la autora de mis días, yo había sido adoptado, siendo muy probable que mi madre viviese”; ese momento fue el más cruel de mi existencia, aquello no lo hubiese querido saber, pero era un hecho real. El último sorbo de café me regresa al presente y después de permanecer unos segundos inanimados, me reincorporo acercándome al lavadero que está cerca a la cocina y después de asearme ligeramente, me despido cortésmente de la generosa propietaria, saliendo a la calle. Como siempre el clima es primaveral y el cielo está despejado, dejando que su color azul se suavice con las cálidas caricias de los rayos del sol, miro mi vejete reloj y admito tener tiempo, por lo que camino despacio admirando a lo lejos la campiña paisajista que cobija a este pueblo; paso por su malecón y acercándome a la baranda contemplo su plaza de armas de bellos trazos y jardines, con su escultural pileta que al centro se muestra bella y7 soñadora; por las vías aledañas se nota movimiento, gente que se moviliza de uno a otro lado, percibiéndose que han llegado visitas; tomando la recta al colegio, tropiezo con algunos puestos de venta, de frutas, golosinas y flores, que se han instalado en la puerta de modestas viviendas, en una de ellas me decido comprar mi flor, solicito educadamente que me vendan una, la dependiente muy esmerada me pregunta: roja o blanca?; demoro segundos, minutos y no puedo decidir cual de ellas, siento la mirada de la señorita y avergonzado s**o una moneda y pronuncio: deme de las dos, recibo una bolsita la que guardo y medio aturdido doy las gracias continuando mi camino. El saludo y abrazo de varios de mis pupilos al ingresar a mi centro de trabajo me vuelve a mi juicio, les pregunto por sus otros compañeros, me contestan que están en la cancha, abrazo a uno de ellos y juntos nos vamos a verlos. Este es el segundo año que laboro y soy el más joven del personal educativo de esta Alma Mater, el año pasado siendo profe de estreno me dieron el segundo grado con treinta chicocos, ahora enseñó al tercer grado y tengo treinta y cinco, se incrementaron cinco, que llegaron de escuelas aledañas al Distrito; uno de los chamacos que me acompaña me pasa la voz y me señala disimuladamente a otro de mis discípulos que se halla sentado en una de las sillas para invitados, él viste impecable con terno azul y corbata, llevando en su pecho una hermosa rosa blanca, pronto se da cuenta de nuestras miradas y baja la cabeza; a su costado se encuentran sus espigados y adinerados abuelos, de quienes se comenta que arrojaron de su casa a la humilde empleada del hogar, madre del niño el día que nació la criatura, producto de las relaciones con el mayor de sus hijos, se dice que ella vive en un villorrio cercano y que ya es de conocimiento del pequeño. El griterío y entusiasmo de los muchachos me predicen que hemos llegado al campo de juego, descubro un claro en una de las gradas y me dirijo con mi comitiva para ubicarme en ese lugar, ya acomodado cuestiono: qué equipos juegan?, un jovenzuelo tras mío, riéndose torpemente habla: es un partido entre huérfanos y no huérfanos, no ubico la gracia y prefiero ver el encuentro; pero miren quien está en uno de los arcos, el mas pequeñín, juguetón y creativo de mi aula, él que por su vivacidad, jovialidad y ternura se hace querer por todos, nunca le gusta perder, lucha siempre por triunfar como lo hace en este instante que acaba de hacer una gran atajada; como la mayoría está uniformado y sobre el bolsillo de su camisa tiene una flor roja; pertenece a los que llamo novicios, pues recién este año llegó procedente de un caserío, el primer día lo trajo su papá quien es Director de otro centro escolar; recuerdo que en aquella oportunidad el señor muy cortésmente me solicitó hablar en reservado y estando a solas me contó: que su engreído en realidad era su nieto, retoño de uno de sus hijos que residía en otro lugar, que su mamá había fallecido al dar a luz y que él y su señora lo habían traído de la capital a los dos años, por lo que el chavalillo creía que eran sus verdaderos padres y ellos ahora lo adoraban como a su hijo, pidiéndome por favor hacer todo lo indispensable para que esto se mantuviera en reserva; el toque de la campana nos advierte que la celebración del día de la madre va a empezar, por lo tanto el compromiso futbolístico termina y nos ponemos de pie para volver a la Sede Central, mi enano viene corriendo a saludarme diciéndome muy alegre que han ganado, lo felicito y le recomiendo que vaya a lavarse rápidamente, lo noto contento y está acompañado de unos jovenzuelos, para mi desconocidos que deben ser sus familiares; con mis otros caras sucias nos encaminamos de regreso al patio principal, donde les pido que tomen su ubicación y formen disciplinadamente, mientras yo me dirijo a la sala de profesores. Después de unos minutos de permanecer sentado conversando con mis colegas, se hace presente el Director quien atentamente nos saluda, para luego solicitarnos que lo acompañemos para iniciar la ceremonia y fijándose en mí, nos recomienda ponernos nuestra flor en el pecho; yo le requiero para que me sepa disculpar por unos minutos por encontrarme un poquito indispuesto, él acepta y se marcha con los demás preceptores; al quedar solo siento dentro de mí un compromiso que me desconcierta: que flor ponerme, pues no sé si seguir guardando mi secreto ó quedar bien con mi conciencia mostrando ahora la verdad; pienso y encuentro similitud con la historia de mis dos alumnos, me sonrío y hablo para mí: nadie sabe que cerca estamos, que enigma nos une; que fácil parece resolver el problema de otros, pero que difícil es solucionar el nuestro; el brigadier general interrumpe mi meditación, manifestando que mi chiquitín no se encuentra en la formación que lo vieron dirigirse llorando hacia el huerto escolar, del cual no regresa; como impulsado por un resorte salgo en busca del angelito y muy pronto estoy en el vergel, lo llamo pero no contesta, al fin lo ubico, está sentado sobre un montículo al pie de un árbol; me voy acercando y lo escucho tarareando una dulce canción, llego a su lado y al descubrirme creo que corto su inagotable imaginación; sostiene en la mano su flor roja, sus ojitos están hinchados y unas lágrimas le van resbalando sobre sus mejillas; me siento a su lado y acariciando su cabecita le hablo: cómo está mi gran arquero; calla, no habla, solo mira al infinito; vuelvo a pasarle la voz manifestándole: tu sabes que soy el mejor guardavalla que existe en la tierra; lo veo sonreír y luego me desmiente: no... hay muchos mejores que usted, añadiendo: pero yo cuando crezca, estaré en el arco de la selección; lo abrazo y lo traigo hacia mí confirmando su decir: sí tu serás el campeón; luego tomando su florcita y arreglándole el cabello le pregunto, qué pasó?; se suelta de mí y escondiendo su carita entre sus brazos, lo escucho llorar con mucho sentimiento, lo vuelvo a cobijar con ternura manifestándole; mi chiquillo es un machazo, no llora; percibo que quiere detener su llanto y con palabras entre cortadas me cuenta: mis primos que han llegado, me han arranchado mi flor arrojándola al suelo, diciéndome que mi madre está mu**ta y que quienes me crían, son mis abuelos; tristeza y rabia invaden mi espíritu y algunas gotas nublan mi vista, condeno interiormente a esos canallas, pero ya todo está dicho, me sobrepongo y volviendo a apachurrarlo le afirmo: “tu madrecita vive y está en tu corazón”; hay un silencio luego alzando su carita y con su ingenuidad, me dice: dónde está mi mamá, yo no la veo; nuevamente lo traigo hacia mí y frotando suavemente su cerviz, le voy refiriendo: a ella no la ves pero la sientes, ella nunca se ha ido de tu lado, ella siempre está presente cuando tú la necesitas, vela tus sueños y te protege de los que quieren hacerte daño; por eso todo te sale bien, siempre tienes suerte y hace que todos te queramos y dándole una palmadita en su colita, le recalco: por eso eres el mejor arquero; presiento que me ha entendido pues ahora más calmado me pregunta: y entonces por qué la flor roja y flor blanca; jugando con su cabello le explico que es una vieja costumbre que hay que innovarla; le hago ver que hay que retornar para llegar a la actuación y arreglando su florcita la coloco en su pecho, maliciosamente contempla el mío, por lo que de inmediato s**o la bolsita y extraigo las flores; hay dos rojas y dos blancas, una roja me pongo en la solapa izquierda del s**o, la otra la guardo; las blancas las acomodo sobre el montículo y poniéndome de pie ceremoniosamente manifiesto: ellas son señal de nuestra amistad y alzando al pequeño le digo: “desde ahora amigos” me contesta, “amigos”, pero mira medio inquieto mi flor roja; no te preocupes le indico, que hoy hablaré a todos de ella y tu también dirás lo que sientes y escribiendo una frase en la bolsa de papel, le doy para que lo vaya aprehendiendo; seguidamente lo tomo de su mano y volvemos hacia el local. La actuación continúa, pero me percato que alguien de mis alumnos está sollozando en la formación; es el niño de terno y corbata, me acerco y advierto que entre sus manos oprime su hermosa rosa blanca, le pregunto cariñosamente: Qué pasa con mi pequeño?. No me responde, uno de sus compañeros más cercanos me expresa: que al escuchar las reflexiones vertidas por uno de los participantes, el niño quitó la rosa de su s**o y se puso a llorar; abrazándolo lo consuelo y sacando la flor roja que tenía guardada la coloco en su pecho, diciéndole: yo soy el responsable; el señor Director va a terminar su discurso cerrando la ceremonia, le hago señas para que me faculte decir algunas palabras, él me ha visto y al finalizar su brillante alocución, me da la autorización; al presentarme escucho un murmullo entre los asistentes, me siento nervioso pero tengo que romper el silencio: señoras, señores, colegas y alumnos, con el permiso del señor Director a quien respetuosamente agradezco, me permito solicitar sólo un minuto de su apreciable atención; limitado tiempo para hablar de un ser tan sagrado y venerable como la madre, aquella persona que nos da la vida, que después nos amamanta, cuida y protege; aquel Ente, que nos guía, ayuda y acompaña en nuestras angustias, ella está siempre con nosotros, nunca se ha ido, la vemos y la sentimos a cada momento en nuestra alegría y en nuestra tristeza, está en nuestro interior creando la bondad y el cariño que irradiamos; por eso ahora me ven con mi flor roja, por que mi madre está dentro de mí y está viva; así como la tienen presente ustedes la tengo yo, dentro del pensamiento y como reina en el corazón, pues la madre vive eternamente, es energía y es amor; un breve silencio y cuando creo que van a aplaudir, les pido calma, diciéndoles: ahora para cerrar con broche de oro esta solemne ceremonia, escucharán un corto pero significativo mensaje de uno de nuestros polluelos; llamo a mi pequeñín , quien ayudado sube por las gradas y llega junto a mí, lo levanto para que llegue al micro, me mira y pregunta: ¡ya hablo?, todos se ríen, le hago una seña afirmativa y el chaval alzando sus bracitos exclama: “mi madre está presente, está en mi corazón”; todos aplauden, hay jubilo en los presentes, alguien me roba al chiquillo, recibo felicitaciones y comparto la alegría, pero quiero estar solo por un instante, por lo que paso a paso me escabullo entre la gente y voy a mi salón. Al encontrarme ya en mi aula físicamente libre , me dirijo a mi pupitre, donde después de limpiar una tosca silla, me siento jugando por unos segundos con una tiza, luego mis manos masajean mi cabello una y otra vez, me acuerdo del símbolo que ostento en mi pecho, la tomo con bastante cuidado y la observo largamente con mucho cariño, siento un leve escozor en mis ojos, pero entre la nubosidad de mis lágrimas, miro la flor con gratitud y esperanza; gratitud a aquella noble y abnegada dama que me alimentó, cuidó y me enseñó a ser hombre y esperanza por aquella sublime mujer que me dio la vida y que algún día como lo tengo diseñado en mi pensamiento, la hallaré para mi satisfacción. Volviendo el capullo a su lugar, me levanto y estiro mis brazos, en verdad me encuentro muy relajado, perfectamente bien, en mi cuerpo espiritual reina la tranquilidad la paz y el amor; camino unos metros y me detengo junto a la ventana, contemplo la belleza de la naturaleza y la claridad del cielo, una suave brisa acaricia mi rostro, mi intelecto hace un repaso de lo hoy acontecido y sonrío, me siento feliz, porque creo que ahora hemos sembrado en la memoria de todos, una semilla que pronto germinará y crecerá a través de los siglos, quizás sea una simple frase pero tiene la fuerza de una oración, te lo recuerda el mensaje de un chiquitín:
Autor: David Germán Alva lucero