30/12/2025
Este año me movió por dentro. Cambió muchas cosas en mí y sobre todo, me mostró de qué soy capaz cuando dejo de esperar certezas y empiezo a moverme, incluso con miedo.
Materialicé ideas, tomé decisiones que antes postergaba y confirmé algo importante: mi propósito sigue siendo el mismo, aunque la forma haya cambiado.
No todo fue claridad. Admito que el temor a fallar sigue apareciendo y, a veces, intenta frenarme y comencé a mirarlo como parte natural de atreverme a crecer.
Aprendí que cuando algo no funciona o deja de hacerlo, probar distinto también es una forma de bienestar. Ya que no existe una sola manera de vivir ni un solo ritmo correcto; hay muchas formas posibles y cada una se acomoda a lo que tu cuerpo, tu historia y tu momento van necesitando.
No tenemos que seguir las mismas reglas para siempre.
Los horarios pueden cambiar.
Los hábitos se transforman.
La forma de mirarnos también se ajusta.
Todo puede moverse cuando dejamos de resistirnos tanto.
Sigo avanzando (y con miedo), solo que elijo confiar más en lo que estoy construyendo y darme permiso de experimentar, de ajustar y de sorprenderme en el camino.