20/04/2026
Con el tiempo he aprendido a mirar mi camino espiritual con más silencio y menos idealización. He entendido que no todo lo que parece guía realmente acompaña, y que no toda cercanía sostiene. Parte de mi proceso no ha sido solo aprender prácticas o sostener disciplina… también ha sido difícil desarrollar discernimiento.
He tenido que aprender a reconocer cuándo hay espacio para crecer y cuándo solo hay estructura. Cuándo hay guía… y cuándo la incomodidad simplemente se evita. Cuándo la honestidad construye… y cuándo crea distancia.
..Y esa claridad no siempre ha sido cómoda.
Porque yo no he buscado perfección, pero sí coherencia.
Y cuando esa coherencia falta, no lo veo como rechazo… lo veo como una invitación a mirarme más profundo sin juzgar aunque por momentos me cuestione. A asumir que este camino, aunque a veces se comparte, en esencia es profundamente personal. Todos tenemos diferentes procesos y situaciones.
También tengo que reconocer que sí he sido y sigo siendo sostenida. Por pocas personas, tal vez solo una pero suficientes. Estás personas no alimentan mis sombras, pero tampoco se retiran cuando mi proceso deja de ser cómodo.
Hoy sigo en el camino. Sigo creyendo. Pero con menos expectativa en las formas… y más respeto por lo que estoy construyendo internamente.
Porque al final, más que encontrar una guía perfecta, he entendido que lo más importante es no perderme a mí misma mientras avanzo.