15/03/2026
El turno nocturno tiene un peso que mucha gente solo entiende cuando lo vive. La ciudad duerme, el pasillo sigue encendido y la enfermería continúa firme en un ritmo que no se detiene. En la imagen, la enfermera sentada en el suelo, con el cuerpo pidiendo una pausa, retrata una escena que parece “artística”, pero que para muchos profesionales es rutina: el agotamiento llegando antes de que termine el turno.
Y lo más duro es que, en algunos lugares, ni siquiera existe un espacio digno para descansar. No es un lujo. Es lo mínimo. Hay unidades sin sala de descanso, sin cama, sin una silla cómoda, a veces ni siquiera un rincón silencioso. Cuando la demanda aumenta, el “descanso” se convierte en recargarse donde se pueda, porque el próximo llamado puede llegar en cualquier momento.
Quien mira desde afuera ve el uniforme, el gafete, el estetoscopio. Pero no ve las horas de pie, la sobrecarga, la falta de estructura y la sensación de estar sosteniendo todo con las propias manos.
Ese descuido no es solo cansancio físico. Es una forma de abandono silencioso: cuando el servicio depende de la enfermería, pero lo básico para que la enfermería exista con dignidad no está garantizado. Y duele, porque la responsabilidad es enorme, el riesgo es real y la presión llega desde todos lados. Aun así, todavía hay quien piensa que “así es esto”, como si fuera normal trabajar siempre al límite.
La enfermería merece más que aplausos. Merece respeto real: suficiente personal, condiciones seguras, pausas posibles y un lugar digno para descansar. Porque cuidar de otros no debería significar apagarse por dentro.
Home Care Service P.R.
Sofia M. Robles