08/02/2026
Consejos de cabecera
FERNANDO CABANILLAS
El lado oscuro de la vitamina A
8 de febrero de 2026
Desde hace tiempo vengo insistiendo en que la gran mayoría de las vitaminas que nos venden en las farmacias, con contadas excepciones de personas con deficiencias vitamínicas, son innecesarias. No solo son innecesarias, sino que en algunos casos pueden ser francamente perjudiciales. Un ejemplo claro es la vitamina E, cuyo consumo se ha asociado a un aumento en el riesgo de cáncer de próstata. En otros casos, como la vitamina C, aunque no parece aumentar el riesgo, tampoco lo reduce, a pesar de lo que se nos ha hecho creer durante años. Debo reconocer, sin embargo, que yo no estaba preparado para asimilar los datos más recientes publicados sobre la vitamina A.
Nuestro sistema inmune es una maravilla. Funciona como un ejército vigilante, con células especializadas que patrullan constantemente nuestro cuerpo en busca de amenazas. Entre sus tropas, debemos destacar las “células T citotóxicas”, especialistas en detectar y eliminar células infectadas por virus y, aún más importante, células cancerosas. Durante años, uno de los grandes misterios de la oncología ha sido el siguiente: si contamos con ese ejército tan sofisticado, ¿por qué el cáncer logra a menudo pasar desapercibido y prosperar?
La respuesta, como suele ocurrir en la biología, es compleja, pero un descubrimiento reciente ha revelado uno de los trucos de camuflaje más ingeniosos del cáncer, y el culpable es el subproducto de una vitamina que todos conocemos: la vitamina A. Esta vitamina es esencial para la visión, la función inmune y el desarrollo celular. La obtenemos de alimentos como las zanahorias, los lácteos y las verduras de hojas verdes. Cuando nuestro cuerpo la metaboliza, uno de los compuestos que produce es el ácido retinoico.
La vitamina A es vital cuando la consumimos en dosis normales, ya que actúa como una señal para guiar el comportamiento y la diferenciación de muchas células, pero aquí es donde la historia se complica. Investigadores de varios centros prestigiosos han descubierto que ciertos tipos de cáncer, incluyendo melanoma, pulmón, mama y colon, han aprendido a secuestrar al sistema inmune para su propio beneficio. Estos tumores lo logran porque producen en exceso una enzima llamada ALDH1A1. Esta proteína convierte de forma descontrolada toda la vitamina A que hay en su entorno en enormes cantidades de ácido retinoico. El desbalance resultante crea una especie de ‘escudo químico’ alrededor del tumor, ya que el exceso de ácido retinoico logra intoxicar las células T citotóxicas cuyo rol es atacar a las células cancerosas. ¿Cómo funciona el sabotaje? Imagínense a una célula T como un soldado que llega a la zona del tumor, listo para la batalla. Sin embargo, al entrar en este ambiente saturado de ácido retinoico, ocurre un sabotaje a nivel molecular que incluye:
1. Reprogramación Celular: el ácido retinoico penetra en la célula T y altera su programa genético. En lugar de activar los genes de “ataque”, activa genes de “agotamiento” y supresión.
2. Pérdida de Función: el soldado, en este caso la célula T, aunque físicamente presente, se vuelve funcionalmente inútil. Pierde su capacidad para reconocer y matar a las células cancerosas. Es como coger el soldado, quitarle las armas y vendarle los ojos.
3. Creación de un “santuario”: el tumor utiliza este mecanismo para crear un microambiente inmunosupresor, un santuario donde el cáncer puede crecer sin ser molestado por nuestra principal línea de defensa.
Este descubrimiento acerca de la vitamina A es crucial porque ayuda a explicar la razón por la cual muchos pacientes no responden a las inmunoterapias. Fármacos como los inhibidores de puntos de control (“immune checkpoint inhibitors”) están diseñados para “quitar los frenos” a las células T, pero estos son ineficaces si, antes de llegar a la batalla, las células T ya han sido “desarmadas” por el ácido retinoico.
Se trata de un descubrimiento que no solo resuelve un enigma, sino que abre una nueva y emocionante puerta para el tratamiento del cáncer. Si el problema es el escudo, la solución lógica es desactivarlo. Los científicos ya están trabajando en el desarrollo de medicamentos que inhiben la enzima ALDH1A1. La idea es simple y brillante: al bloquear la producción de dicha enzima, o al inhibirla, esto impide que el tumor genere un exceso de ácido retinoico y así destruye el escudo. Sin su escudo químico, el tumor queda expuesto.
Esta estrategia podría usarse en combinación con las inmunoterapias existentes. Primero, se administraría el inhibidor para “despertar” a las células T, y luego la inmunoterapia para potenciar su ataque. Sería un golpe doble y coordinado.
Lo importante es entender que esto no significa que la vitamina A sea dañina por sí misma. Si un tumor expresa ALDH1A1, entonces, independientemente de cuánta vitamina A consuma una persona, el sistema va a enfrentar un problema; pero ese problema no surge por la cantidad de vitamina A en la dieta, sino por la capacidad del tumor de convertirla en una señal inmunosupresora. Aun así, también es prudente evitar consumos excesivos: cuando la vitamina A se ingiere en cantidades desproporcionadas, algunas células malignas que antes estaban contenidas por el sistema inmune pueden aprovechar ese exceso y transformarlo en una ventaja. Tomar dos o más pastillas de multivitaminas al día constituye un exceso y puede duplicar el riesgo de cáncer de pulmón, esófago, estómago, mama y recto.
Este hallazgo fascinante nos recuerda que la lucha contra el cáncer es un enfrentamiento constante entre nuestras defensas y las estrategias de supervivencia del tumor. A medida que el cáncer inventa nuevos trucos, la ciencia se dedica a descifrarlos y cambiarlos a nuestro favor. Desactivar este escudo podría convertirse en el próximo gran paso para darle al sistema inmune la ventaja estratégica que necesita para ganar la batalla.
Así que, en resumen: mientras usted toma vitamina A en exceso, pensando en su vista y en una piel radiante, el cáncer está pensando: “¡Fabuloso… sigue tomando más materia prima para mi escudo!“. Y me temo que, personalmente, yo también voy a necesitar un buen escudo… ¡para defenderme de las compañías productoras de vitaminas!