06/02/2026
Comparto esta reflexión desde el respeto, la empatía y mi experiencia profesional en el campo del Trabajo Social Clínico, con el único propósito de promover sensibilidad y conciencia colectiva.
Cuando ocurren situaciones donde hay menores involucrados, es importante recordar que ellos tienen derechos que todos estamos llamados a proteger: su privacidad, su bienestar emocional, su seguridad y su desarrollo integral. No se trata solo de un asunto legal, sino también humano, ético y social.
Como sociedad, debemos procurar que estos eventos no se conviertan en un espectáculo mediático. La exposición pública excesiva, la repetición constante de detalles sensibles o la identificación directa o indirecta de familiares pueden tener consecuencias emocionales significativas para los menores, quienes muchas veces ya se encuentran atravesando situaciones complejas o dolorosas. Además, estas noticias pueden ser vistas o escuchadas por los propios menores involucrados, por compañeros de escuela, familiares, vecinos o su entorno cercano, lo que puede aumentar la estigmatización, la ansiedad, la vergüenza o el impacto psicológico a largo plazo.
En Puerto Rico, la Ley 246-2011 (Ley para la Seguridad, Bienestar y Protección de Menores) establece la confidencialidad de la información relacionada con casos de maltrato, negligencia, abandono o cualquier situación que comprometa el bienestar de los menores. De igual forma, la Constitución de Puerto Rico reconoce el derecho fundamental a la intimidad, principio que adquiere mayor peso cuando se trata de niños, niñas y adolescentes.
Entre las agencias llamadas a resguardar esta confidencialidad se encuentran el Departamento de la Familia, la Policía de Puerto Rico, el Departamento de Justicia, el Departamento de Salud, los Tribunales y cualquier entidad gubernamental o profesional que intervenga en procesos de protección de menores. Todas tienen la responsabilidad de manejar la información con prudencia, sensibilidad y estricta reserva.
Desde la perspectiva psicosocial y clínica, la exposición mediática puede provocar ansiedad, sentimientos de inseguridad, estigmatización social, confusión emocional, conflictos de identidad, vergüenza e incluso trauma adicional. Por ello, informar con sensibilidad, prudencia, responsabilidad ética y respeto a la dignidad de los menores no solo es correcto, sino necesario. La forma en que se comunican los hechos puede impactar su salud mental presente y futura.
Nuestros niños, niñas y adolescentes tienen derecho a la privacidad de las situaciones que atraviesan, a su bienestar emocional y a desarrollarse sin cargas adicionales que no les corresponden. Recordemos que los menores ven, escuchan, interpretan, sienten y procesan lo que ocurre a su alrededor; muchas veces lo hacen en silencio, mientras intentan comprender realidades que superan su capacidad emocional en ese momento.
Cuidar su salud mental, su dignidad y su privacidad no es responsabilidad de una sola agencia o sector: es un compromiso colectivo de la sociedad, de las autoridades, de los medios de comunicación, de los profesionales y de cada uno de nosotros.
Seamos solidarios, prudentes y conscientes. Nuestra niñez merece protección, respeto y sensibilidad siempre.