03/05/2026
Una crisis no es un momento aislado.
Es el resultado de algo que se fue acumulando en silencio.
A veces es demasiado estímulo.
A veces es cansancio.
A veces es frustración que no pudo expresar antes.
Y muchas veces, nadie lo nota…
hasta que se vuelve imposible de sostener.
Por eso, cuando intervenimos solo en la explosión,
llegamos tarde.
Porque ahí el cerebro ya no está disponible para aprender,
ni para escuchar,
ni para regularse por sí solo.
Y entonces aparece un ciclo que se repite:
corregimos lo visible,
pero no entendemos lo que lo provocó.
Mirar más atrás,
afinar la observación,
y reconocer esos momentos previos…
no evita todas las crisis,
pero puede cambiar la forma en que el niño se siente acompañado, sostenido y seguro.