01/03/2026
Si alguien hubiera querido controlar a las mujeres por generaciones, habría empezado por el útero. Les habría enseñado que solo sirve para tener bebés y no para su poder, su intuición o su memoria corporal.
Habría convertido su primera sangre en vergüenza, enseñándoles a esconderla y a verla como algo sucio.
Habría obligado a los médicos a decirles que su dolor es normal, que es “solo hormonal”, y a recetar antes de escuchar, preparando el terreno para que las mujeres duden de su propia experiencia corporal.
Las habría puesto en anticonceptivos desde niñas para interrumpir su ritmo natural y silenciar su ciclo, presentándolo como liberación.
Habría medicalizado el parto, separando a la madre de su instinto desde el primer momento.
Y cuando llegara la menopausia, les habría dicho que están en declive, que se están secando, que ya no son relevantes.
También habría perseguido a las sanadoras, desacreditado a las parteras y borrado la sabiduría femenina para que cada generación olvidara lo que lleva dentro.
Porque cuando una mujer recuerda su cuerpo y su ciclo, recuerda también su poder.
www.mimosuterinos.com