06/01/2026
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CUANDO EL UNIFORME NO ALCANZA PARA CUBRIR EL DOLOR
La realidad que enfrentamos muchos policías en Puerto Rico y en el mundo no siempre puede explicarse con palabras.
Ayer nos estremeció la noticia del cruel as*****to de un niño de apenas cinco años, a manos de quien debía amarlo, cuidarlo y protegerlo.
De alguien en quien ese pequeño jamás pensó que podría hacerle daño.
Mientras escribo, lloro.
Porque antes que policía, soy ser humano.
Tengo sentimientos, tengo familia, tengo corazón.
Hoy ese niño no podrá vivir el día que, desde su inocencia, esperaba con ilusión para recibir sus regalos de Reyes.
Pensar en eso duele en lo más profundo.
No es fácil ser policía.
No es fácil ser paramédico, médico, bombero ni ningún servidor público que enfrenta tragedias como esta.
En momentos así se llora, se siente coraje, impotencia, frustración… y por instantes hasta cuesta seguir adelante, porque el dolor humano pesa demasiado.
A lo largo de mi carrera he atendido escenas de as*****tos, suicidios, accidentes fatales, personas heridas y situaciones que dejan cicatrices para siempre.
He tenido que mantenerme firme ante familias destruidas, casos de abuso sexual contra menores y víctimas de violencia doméstica.
Uno se repite que esto no va a afectar… pero ayer sí afectó.
Ayer tuve que alejarme de las redes.
Pienso en mis compañeros y compañeras que llegaron a esa escena.
En lo duro que fue presenciar ese horror.
En lo difícil que resulta cumplir con la ley y garantizar derechos, cuando el corazón clama justicia inmediata.
Hoy sigo llorando.
Me levanto pensando en mi familia, en mis sobrinos, sobrinas, hijos e hijas.
Porque no es fácil cargar con imágenes que jamás se borran.
Solo le pido a Dios que brinde fortaleza y consuelo a esa familia,
que les permita encontrar un rayo de esperanza en medio del dolor,
y que este asesino, este abusador, pague por el resto de su vida por un acto tan atroz.
Les hablo desde el corazón, no solo como policía.
La vida es una, es sagrada, y solo Dios la da y solo Dios la quita.
Que Dios tenga misericordia de una sociedad herida por la violencia diaria.
Que nos ayude a sanar como pueblo.
Hoy pedimos oración:
• Por esa familia destrozada
• Por amigos, vecinos y seres queridos
• Por los servidores públicos que atendieron esta escena
• Y por mis compañeros y compañeras, para que reciban la ayuda psicológica necesaria, porque nadie sale ileso de algo así
A quienes leen estas palabras:
Gracias por orar.
Gracias por sentir.
Gracias por no mirar hacia otro lado.
Hagamos nuestra parte.
Si ves violencia, abuso o una situación peligrosa, no guardes silencio.
Llama al 911, al 787-343-2020 o a la estación más cercana.
Si es de forma anónima, mejor.
Tal vez hoy salves una vida.
Estamos aquí para servir y proteger,
pero no lo olviden nunca: también somos humanos.
Que Dios los bendiga.
Que este 2026 sea distinto.
Y que Puerto Rico logre una mejor calidad de vida, libre de la violencia que tanto nos duele.